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Terra
La Coctelera

Categoría: Crítica a Sangre Fría

Amor y esperadrapo

Amor y esparadrapo
Charles Exbrayat
Sirpus

Hacer una crítica de Amor y esparadrapo sin caer en una valoración superficial de la obra resulta algo complicado, y digo superficial porqué ya a simple vista resulta “llamativa”. Sirpus edita entre la ingenuidad (quizá la del lector) y la simpleza (la de la edición) una novela clásica, cercana al whodunit al más puro estilo del sabueso Holmes solo que sin el ingenio del detective de Baker Street. Es una de las novelas que componen la serie que la editorial ha denominado Letra Grande y que va destinada a personas con problemas para leer. Queda claro que la solución que da la editorial no es la de que el lector use gafas, que sería lo lógico, sino que nos facilita el trabajo y aumenta el tamaño de la letra a tales dimensiones que resulta ridículo y, de este modo, una novela que en su edición original en francés a penas alcanza las 250 páginas pasa a superar descaradamente las 300. He aquí una crítica superficial de Amor y esparadrapo, superficial pero real al fin y al cabo.

En una conversación con mi espíritu crítico intento encauzar esta crítica a partir de una comparación;
-¿Con qué comparar Amor y esparadrapo?
-Pues… con una casa, pero una en especial. Para una novela con un título tan pintoresco como este no podemos referirnos a una casa cualquiera, y entonces recordé el cuento de los tres cerditos. Su casa.
-¡Ya empezamos a desvariar! ¿Qué tendrá que ver una novela con la casa de los tres cerditos?
-Pues ambas coinciden en que dependen de tres aspectos, la casa de los tres puercos y la novela de tres características; personajes, lenguaje y argumento.
-¿Ya está? ¿Eso es todo?
-No, y es ahí a donde voy. Pronto llegará el lobo cual crítico lector que intentará derrumbar la casa a base de soplidos. Y nos encontramos con que en villa Amor y esparadrapo no viven tres cerditos, sino dos, personajes y lenguaje, y no hay noticias de argumento. Bueno sí las hay, pero son vagas, escasas… no solo eso, son insuficientes y poco atractivas. De modo que ambos cerditos deberán defender villa Amor y esparadrapo sin la ayuda de su hermano.
-¿Echará el lobo la casa abajo?

En la Inglaterra del bombín, la posterior a la independencia irlandesa y anterior a la Segunda Guerra Mundial, nace Francis William Besset, un joven clásico, disparatado e impulsivo. Años después, una vez alcanzada la mayoría de edad, sus padres mueren en un accidente de tráfico y Francis pasa a ocupar el puesto de que se encargaba su progenitor en la empresa familiar de un amigo. En Amor y esparadrapo el conflicto surge, como en las novelas más conocidas de Paul Auster, a raíz de una llamada telefónica, la que alerta al joven inglés de que la muerte de sus padres podría no ser un simple accidente. Francis decide visitar al hombre que ha realizado la llamada atraído por la noticia de que éste posee una carta de su padre que aclarará el caso. Sin embargo Francis llega tarde y para cuando se encuentra en el piso de aquel misterioso hombre ya no hay nadie.

Partiendo de una idea inicial que podría dar más de sí y que, de hecho, iba bien encaminada Exbrayat construye una novela de misterio fronteriza con el género romántico con toques a lo Corín Tellado que depara en una crítica hacía el rechazo mutuo entre irlandeses e ingleses. La excepción será, por supuesto, una historia de amor, la que mantendrá el protagonista con una camarera irlandesa. Centrándonos en el aspecto negro-criminal Amor y esparadrapo es una novela previsible que deja varios cabos sueltos, una historia en que prima más el quién lo hizo que el porqué y este último aspecto apenas tiene explicación. Sin embargo nos hallamos frente a una novela con un gran lenguaje que recuerda a la obra de Boris Akunin y ante una serie de personajes satíricos y caricaturescos cuyos diálogos son de lo mejor de la novela. Sin alcanzar el humor con que publicitan al escritor francés fallecido hace casi dieciocho años Amor y esparadrapo tiene momentos realmente delirantes donde la violencia no es más que un efecto de sonido.

-Finalmente… creo que el lobo se lleva la casa por delante.

El poeta, es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer

El poeta
Michael Connelly
Ediciones B

El otro día oía hablar en televisión de los prejuicios. En general no me interesaba mucho el tema, escuchaba mientras hacía otras cosas, pero la poca atención que presté me bastó para saber el tema de que hablaban. Entonces me pregunté sobre mis prejuicios y caí en la cuenta de que la mayoría de ellos se centran en libros o escritores. No me refiero únicamente a que muchos escritores me caen mal y es una razón por la que no los leo, aunque esto es cierto y es el precio que hay que pagar por conocer a algunos de ellos. Me refiero a que al ver una novela sin ni siquiera conocer el contenido ya han surgido en mi mente algunos prejuicios (no todos malos). El gran prejuicio que tengo es contra la literatura best-seller, ya se, no toda es mala, pero sí lo es la gran mayoría. De modo que no, no me pregunteis si he leído el Código da Vinci u otras basurillas porque no, no lo he hecho. Y no vamos a entrar en un debate sobre la literatura best-seller, hay excepciones, eso es cierto, Hielo negro de Michael Connelly es una de ellas, pero como bien dicen, la excepción confirma la regla y en el caso de El poeta, obra también de Connelly que acaba de reeditar Ediciones B a precio de ganga, no podemos decir lo mismo.

Jack McEvoy es un periodista de sucesos de gran fama que trabaja para el Rocky Mountain, diario editado en Denver (Colorado) principal competidor del Times, de modo que cuando dos detectives del Departamento de Policia de Denver se presentan en su despacho intuye que las cosas no van bien. La confirmación no se hace esperar, Sean, hermano de Jack, se ha suicidado. Viniendo de Connelly no es de extrañar que el lector desconfíe y no se crea esa primera versión. En realidad no es necesario darle tanto a la cabeza, solo hace falta leer la sinopsis de la contraportada para descubrir que, en efecto, no es un suicidio sino un homicidio. Como cualquier supuesto suicidio -no merece la pena seguir llamandolo suicidio- que se precie el homicida deja una nota en nombre de la victima. Una despedida. Pero el asesino no ha tenido en cuenta un factor importante y es que Jack es un hombre de letras, coño es periodista, de modo que no hace falta más que revisar algunos libros para descubrir que la nota de despedida corresponde a un estracto de un poema de Edgar Allan Poe. Más tarde relaciona el caso de su hermano con el de varios supuestos suicidios de policias, todos ellos dejaron una nota, todas fragmentos de la obra del padre de la novela negra.

El poeta empieza realmente bien, como solo Connelly y los buenos best-sellers saben enganchar, con intriga, tensión y esa sensación de que se avecina algo bueno, muy bueno. Muchos comparan la obra de Connelly con la de Ellroy (ni punto de comparación personalmente), todos sabemos de la parquedad, precisión, sencillez... como ustedes quieran denominar la prosa de Ellroy, sin embargo Connelly se va más por las ramas, le gusta dejar todos los cabos sueltos para que el lector no se pierda y es ahí donde pierde el autor, demasiadas explicaciones nunca son buenas si quieres mantener el factor sorpresa ya que corres el peligro de desvelar demasiado y cualquier lector medianamente avispado o atento relacionará muchos de los detalles. De modo que hacia la mitad de la novela este poeta pierde fuelle, pierde misterio y ya no hay sorpresa, y es triste pues la primera mitad resulta impecable pero la segunda se transforma en una historia profundamente cinematográfica donde las sorpresas o ya han sido descubiertas por el lector o son básicamente gratuitas pues ni siquiera la lógica las descubriría.

Un tipo implacable

Un tipo implacable
Elmore Leonard
Alianza Ediciones

Érase una vez la América de la ley seca, del Ku Klux Klan, de J. Edgard Hoover y el FBI. La de principios del siglo XX; Bonnie & Clyde, Louise Armstrong y los pulps. La América que sabe a mazorcas de maíz, suena a jazz o blues y se tiñe del negro de los pozos petrolíferos. La América de Un tipo implacable.

Con la experiencia de un guionista de cine y escritor de westerns Elmore Leonard construye una novela donde se entremezclan ladrones de medio pelo candidatos a convertirse en el “enemigo público número uno”, sheriffs empecinados en hacer cumplir la ley aunque sus métodos la infrinjan e incansables periodistas que arriesgaran sus vidas para contar de primera mano los enfrentamientos entre los dos bandos.

Carlos Webster es un joven ganadero cuando una noche asesina a sangre fría a un ladrón que trataba de escapar con su ganado. Jack Belmont es el hijo de un importante magnate del petróleo cuando con tan solo 15 años asesina a un joven negro. Hasta aquí todo igual pero en adelante ambos se tendrán que situar a uno u otro lado de la línea que separa el bien del mal. Tan solo cinco años después el primero se ha convertido en Carl Webster, ayudante del sheriff del estado de Oklahoma mientras que Jack acaba de salir de la prisión de McAlester acusado de secuestrar a la amante de su padre y de incendiar uno de los pozos petrolíferos de su propiedad. Ambos se disputan el título (que da nombre además a la novela) de tipo implacable. El trío culmina con Tony Antonelly un periodista del True Detective que perseguirá a ambos en busca de material para sus artículos. Un triángulo que, como el de las Bermudas, arrastrará todo tipo de personajes hasta la decadencia de buena parte de ellos.

Adoptando los escenarios típicos de las novelas del oeste y los road movies Leonard sitúa la trama en el periodo posterior a la Gran Depresión y la Primera Guerra Mundial e incluye guiños a algunos delincuentes reales de la historia del país norteamericano además de cantantes y músicos míticos que empezaban sus carreras por aquella época. Una historia clásica muy bien ambientada que destila grandes dosis de acción y tensión en sus tiroteos y persecuciones.

Un tipo implacable es una historia de venganzas, búsquedas y rencores donde no solo los hombres son los despiadados, las mujeres pronto se convierten en femmes fatales cansadas de ser pisoteadas por los tipos imbatibles y no dudan en traicionarlos o incluso acabar con ellos. Leonard construye personajes mitos del “tipo duro” y falla cuando estos se vuelven ingenuos y entran en juegos que se convierten en trampas y, por tanto, en su perdición, todo forzado para que el final depare en una lucha descarnada entre el bueno y el malo. Aún así desarrolla una prosa que atrae y atrapa, un ritmo ágil que apenas deja respirar, unas frases breves, escuetas con la acidez e ironía de los clásicos, un claro homenaje a la literatura pulp con múltiples referencias a la obra de Jim Thompson y al cine negro de la época.

La noche a través del espejo

La noche a través del espejo
Fredric Brown
Jucar

Dedicada a David Panadero.

Que mejor forma de homenajear a un escritor que recordando su obra, pensamiento que nos ronda a muchos la cabeza cuando se celebran los aniversarios de su nacimiento o muerte. También supone una de las razones por las que muchas editoriales deciden recuperar las obras descatalogadas de dichos escritores o algunas revistas emprenden el laborioso trabajo de recordar su carrera (como es el caso del próximo número de La Gangsterera papel, homenaje a Jim Thompson). Desgraciadamente este no es, por ahora, el caso de Fredrick Brown y su maravillosa Noche a través del espejo. Brown nació hace 100 años y un par de días y se cumplirán, también dentro de poco, unos 35 años desde su muerte y esta Night of the Jabberwock representa su obra más importante y reconocida, lo cual es mucho viniendo de un escritor dedicado principalmente a la ciencia ficción que se alzó con el Edgar con otra obra, La trampa fabulosa.

La noche a través del espejo es una pesadilla, y no me refiero a la novela en sí sino a su argumento. La acción transcurre a lo largo de una sola noche, la noche en que Doc Stoeger, editor de un semanario local, se plantea vender la imprenta en la que lleva trabajando 23 años cansado de no haber publicado ni una sola noticia interesante en toda su carrera. Quizás la "suerte" -así, entre comillas- decidiese que ya era hora de que en Carmel City y para alegría de Doc sucediesen cosas "interesantes" -también entre comillas-.

Al leer las primeras páginas de esta novela poco nos imaginamos sobre lo que sucederá al final de la noche, y no es de extrañar, Brown nos presenta una tarde tranquila y soleada en un pueblo alejado de las grandes urbes, donde todos sus habitantes se conocen y no ha pasado nada extraño en décadas. También es cierto que este es el mejor escenario para ambientar un thriller y Brown no lo desaprovecha.
Antes de caer la noche Doc y su compañero de trabajo finiquitan la edición del semanario para el día siguiente y cierran la oficina. Nada fuera de lo normal en la rutina de los dos personajes si no fuese porque esa tarde han terminado antes. Para ocupar el tiempo libre Doc decide marcharse al bar más cercano, es ahí donde descubrimos que Doc es un enamorado de Lewis Carroll lo cual explica el título de la novela y las curiosas introducciones a cada capítulo. Una vez en su casa y ya entrada la tarde-noche, Doc recibe la visita de un curioso personaje, otro enamorado de Lewis Carroll que para mayor rareza conoce todas las obras que el propio Doc a publicado sobre el padre de Alicia en el páís de las maravillas. No enfrentamos, entonces, a una novela divertida e inteligente, retorcida pero lógica y que combina el surrealismo que generan las curiosas situaciones que se desarrollan con el humor más delirante y el costumbrismo más sorprendente.

Muerte de una heroína roja

Muerte de una heroína roja
Qiu Xiaolong
Almuzara

El asesinato, decía Thomas de Quincey, degrada la grandeza de los hombres al nivel del “pobre escarabajo que pisamos”, exhibe la naturaleza humana en su más abyecta y humillante actitud. Tal actitud sería poco conveniente a los propósitos del poeta. ¿Qué debe entonces hacer? Debe dirigir el interés sobre el asesino. En este caso nuestro poeta se llama Chen Cao y es, en efecto, poeta además de inspector y su interés, y en definitiva el nuestro, se centra en Guan Hongying, la heroína (ying) roja (hong).

Partiendo de la melancólica imagen de dos amigos de juventud que tras veinte años sin verse deciden reunirse para pescar y descubren un cuerpo en un canal, Qiu Xiaolong narra la intrigante búsqueda de la identidad de esa joven y las posteriores hipótesis que se fabulan sobre su asesinato. A las adversidades que ya de por sí plantea la investigación hay que sumarle los intereses políticos, Guan era una trabajadora de rango nacional y la investigación que Chen lleva a cabo plantea la solución del crimen en las altas esferas de la ciudad. La figura de la heroína roja se verá manchada y esa vida impoluta y totalmente secreta se ve despedazada por el incorruptible Cao que incluso viajará a poblaciones próximas en busca de testigos aún arriesgando su puesto.

En escena el reciente inspector Chen Cao, alter ego del autor, será nuestro guía turístico en un Shangai que a pesar de vivir en la década de los noventa resulta atemporal y bien podría darse en la actualidad. Es el Shangai de ríos contaminados, viviendas reducidas y teléfonos comunitarios, el Shangai del nepotismo y la censura, el de la China en pleno cambio económico y social. En una China marcada por el capitalismo y regida por el dinero, Xiaolong recupera muchas de sus tradiciones como el confucianismo o la poesía tradicional en una narración llena de colorido y que homenajea en algunas escenas el cine clásico chino.

Muerte de una heroína roja constituye una parada obligatoria en este tour que el género policial realiza alrededor de nuestro actual y despiadado mundo realizando una crítica a la sociedad, la sociedad a través de sus crímenes, desde Henning Mankell hasta Yasmina Khadra pasando por John Burdett o el triste y recientemente fallecido James McClure. El crimen en la novela de Xiaolong se sitúa en un segundo plano, es un pretexto a través del cual describir la situación actual del gigante asiático, porque como bien dicen sus personajes ¿cómo puedes ir por el mundo investigando a la gente sin darte cuenta de los cambios de la sociedad?

Una novela que conserva el ritmo dinámico, los personajes bien perfilados y el llamativo colorido de los paisajes del actual cine asiático y cuyo único “pero” son los constantes errores de traducción.

Maderos

Maderos
Ken Bruen
Tropismos

Seca, seca como una patada en el cerebro. Así es Maderos. Escueta, directa, concisa y breve. Ganadora de los premios Shamus, NovelPol y Brigada 21 y nominada al Edgar es una novela rápida, con un ritmo ligero, dinámico, acompasado, pero sobre todo rápido. Ken Bruen dibuja unos personajes conflictivos, despreocupados pero bien construidos que no tardan en confiar al lector sus problemas más íntimos. El protagonista, Jack Taylor, ex-policia y alcoholico se encarga de la investigación del suicidio de una joven. Es la tercera novela que leo en poco más de un mes que tiene en su trama algún caso de suicidio. Es de hecho la tercera novela que leo en que el suicidio es el centro de la investigación. En las otras dos, Asesinato suicida de Keith Ablow y Hielo negro de Michael Connelly, el caso se había resuelto de dos formas distintas siendo la del segundo mucho más elavorada y original que la del primero. De echo en la novela de Connelly la resolución del caso es también más interesante que en la de Bruen, pero como descubrirán cuando lean (si es que no lo han hecho todavía) Maderos la trama policial no es lo más importante en la novela. Una trama, siendo justos, decepcionante y debil cuyo final aporta la poca originalidad que el caso merece. Para contrarestar esto Bruen desarrolla una prosa esquemática y telegráfica y unos dialogos llenos de humor ácido e ironía. Tiene además el poder de sobrecogernos con esos problemas íntimos y el intento de superarlos que llevan a cabo los protagonistas. La adicción al alcohol de Taylor, su paso por un centro de desintoxicación y su tristemente posterior recaída nos dejan en vilo durante aproximadamente 300 páginas. La novela es tan intensa y real que resulta agotador sufrir junto a Jack la perdida de su mejor amigo, el desamor que sufre con su clienta, la violencia de sus golpes contra aquellos que se cruzan en el camino de su investigación o la búsqueda desesperada de un pobre borracho cuyo último regalo iba a ser un sobre lleno de billetes que no llegó a recibir.

Asesinato suicida

Asesinato suicida
Keith Ablow
Rocaeditorial

La vida es como una película, una cinta de video donde grabamos situaciones y experiencias que forman nuestra historia, un argumento, y todas aquellas personas que las llevan a cabo que no son más que actores, principales o secundarios según la importancia que tengan en nuestra historia. Keith Ablow plantea en "Asesinato Suicida" que rebobinemos esa cinta, que eliminemos a los actores y que volvamos a dirigir nuestra historia desde una edad avanzada. ¿Tiene un hombre el derecho de comenzar de nuevo su vida?

John Snow, un ingeniero aeronáutico que sufre ataques epilépticos decide someterse a una operación de neurocirugía con la intención de eliminarlos y erradicar así el principal impedimento en su prometedora carrera como inventor. La operación tendría sus efectos secundarios, entre otros la pérdida de la memoria pero Snow está decidido a someterse a la operación aunque al salir de ella no recuerde a su familia ni a sus amigos, solo su trabajo. Sin embargo la noche antes de la operación aparece muerto en un callejón cercano al hospital. Clevenger, psiquiatra forense al igual que el propio Ablow, un personaje plano que se justifica a cada acto, se encargará de la investigación que tanto la policía como el FBI están convencidos se resolverá en suicidio. Pronto descubrirá que Snow ocultaba a una amante pero cuando se plantea interrogarla ya es demasiado tarde y también se ha suicidado.

Tras la aburrida lectura de las memorias de Snow, que Ablow relata, y las constantes referencias al caso del asesino de la autopista que resolvió el impasible Clevenger en "Psicópata" el psiquiatra forense como si del mítico Poirot se tratase decide reunir a todos los sospechosos en una sala. Detrás del espejo unidireccional se encuentra Billy Bishop su hijo adoptivo quien protagoniza las escenas más interesantes de la novela, una pena que no tenga más protagonismo, y Coady, el policía que se supone está a cargo del caso. Reunidos en la mesa se encuentran sus familiares más cercanos, mujer e hijos, su socio, el marido de su amante y hasta su neurocirujano que entre miradas furtivas y densos silencios se pasan la pelota sobre quien mató al inventor y a su amante.

Ablow partiendo desde un punto tenso no logra en "Asesinato suicida" mantener la tensión y la atención del lector hasta el último instante, narrado en ocasiones en un lenguaje demasiado científico es curioso que presente personajes estereotipados y aquellos que aportan a la trama mayor atractivo apenas aparezcan, como es el caso de su hijo o su ayudante Anderson. Por momentos Ablow trata de engañar al lector con situaciones confusas algo forzadas, sin embargo el forense resuelve el rompecabezas que se le plantea de forma lógica y sin dejarse ningún cabo por atar.

El crimen como ejercicio de estilo

Retrato del asesino en prácticas
Francisco López Serrano
Pre-textos

Después de leer la novela de Francisco López Serrano busco una explicación. Me siento una de las víctimas del protagonista, víctima de una adicción. Busco una respuesta, pero no la encuentro. ¿A qué se debe que me haya enganchado a su lectura hasta el punto de no poder dejarla? Trato de buscar una aclaración en las palabras de otros literatos pero no salgo convencido.

García Márquez solía decir que la parte más importante de una novela era el primer párrafo, que de él dependía el hecho de que el lector se enganchase a su lectura o por el contrario perdiese el interés. No es necesario más que leer la primera frase para quedar paralizado por el letal veneno de esta novela; “Me llamo A.Q.V. y soy un asesino en serie”.

No os engañaré, la realidad es que vamos a ser testigos del nacimiento, crecimiento y muerte de un asesino en serie, pero no sería del todo sincero si no añadiese que ésta será una carrera corta y llena de complicaciones.

A.Q.V. es, por ahora, un escritor sin éxito, divorciado y padre de dos hijos, que decide salir de la monotonía del fracaso cometiendo una serie de crímenes en serie, pero no busca cometer el crimen perfecto –teniendo en cuenta que el crimen perfecto es aquél en que no se descubre al asesino- ya que su intención es pasar un periodo de tiempo en la penitenciaria y relatar allí cada uno de sus crímenes…aquellos que colmarán las páginas de sucesos y le reportaran una inagotable fuente de materiales literarios. Pero llevar a cabo este trabajo es algo complejo, para comenzar hay que buscar una serie de víctimas y un hecho que las relacione, un móvil, un arma con el que cometer los crímenes… es, en resumen, un complicado ejercicio de estilo.

Nuestro particular asesino comparte protagonismo junto a Romualdo Clavola, subinspector de policía encargado de investigar el caso, si cabe, más particular aún. Es un homenaje al policía creado por Santiago Segura, una caricatura de la corrupción, la violencia, la prostitución… una parodia del sexo y, en general, de la vida.

Una novela llena de humor negro, sagaz, inteligente, escatológico…, llena de ironía y sarcasmo. Llena de situaciones surrealistas, de diálogos originales y sobretodo de personajes pintorescos.

Retrato del asesino en prácticas es original, mordaz, delirante, atrevida… Lejos de cualquier estereotipo; no usa frases escuetas, ácidas o directas como una bala, no aparecen personajes solitarios encorsetados en viejas gabardinas, rodeados de una opaca nube de humo, acompañados de mujeres fatales con sus labios de rojo carmín o del aprendiz de turno, no se desarrolla en un ritmo frenético y agotador... Retrato del asesino en prácticas está muy lejos de todo eso. ¿Es ésta la respuesta que buscaba?

Álvaro Vicente Palazón.

Pre-textos

Con el propósito de emular o aventajar a los grandes criminales de la historia, un escritor sin éxito decide convertirse en asesino en serie y abordar el crimen como ejercicio de estilo. Pero perpetrar un asesinato, y además con estilo, no es tarea fácil. Tras fracasar estrepitosamente en varios intentos, este asesino en prácticas ideará para lograr su propósito un plan delirante, un ardid diabólico capaz de demoler los fundamentos mismos de la realidad. Es entonces cuando aparecerá en escena el abominable subinspector Clavola de la policía de Madrid, antagonista del asesino y tal vez algo más, quien seguirá tenazmente su rastro en un perverso juego de espejos donde realidad y ficción se funden y se confunden. De esta obra algunos autores han dicho lo siguiente: "Retrato del asesino en prácticas" es una novela extraordinaria en sentido literal y metafórico. Es brillante, audaz, arriesgada, singular... muy fuerte. Es una novela que ninguno de nosotros había leído antes... No va a dejar indiferente a nadie. (Almudena Grandes). "Es una metáfora de la violencia, del sexo, de la corrupción, de una realidad que estalla desde dentro, que hace que al lector se le pase por la cabeza el cine de Quentin Tarantino, el policía casposo de "Torrente" creado por Santiago Segura, el surrealismo de Luis Buñuel y la España negra de Gutiérrez Solana. Hay un exceso surrealista en esta novela que sólo puede entenderse en el tono en que está escrita, con humor, con humor negro. Porque si se tomara en serio lo que hay en ella sería pura nitroglicerina... La he leído de un tirón y entre carcajadas." (Andrés Trapiello).

Francisco M. López Serrano (Épila, Zaragoza, 1960) ha publicado la novela "El país de la lluvia" y los libros de relatos "El hígado de Shakespeare" y "Dios es Otra". Es también autor de cinco libros de poemas publicados: "Ars Moriendi", "Un funesto deseo de luz", "La afable voluntad de la muerte", "La caricia de un sueño" y "La sombra de Dios", y de varias traducciones de poetas ingleses. Habitualmente colabora en revistas literarias y periódicos como Clarín, Turia o Heraldo de Aragón. A lo largo de su carrera ha obtenido numerosos premios: "Luis Cernuda" de poesía, "Ciudad de Barbastro", "Ciudad de San Sebastián", "Extremadura a la Creación", etcétera, y ha sido finalista de otros como el "Ateneo de Valladolid" de novela o "Torrente Ballester", de narrativa. Su novela "Retrato del asesino en prácticas obtuvo el premio "José María de Pereda" de novela corta que convoca el Gobierno de Cantabria.