Artículo publicado anteriormente en La Gangsterera
Marsella siempre fue esa vieja caprichosa que nunca nadie logró satisfacer ni comprender. Resentida, castiga a todo aquel que ose sentirse francés cuando sus raíces no son gabachas. Pero Marsella nunca tuvo más vida que cuando Jean Claude Izzo recorrió sus calles. No solo cobró vida, también olor, el olor de la muerte.
Marsella, cumbre del hip hop y de la mafia, no es de extrañar que ambos se entremezclen en la primera de las novelas que componen la trilogía que Izzo dedicó a la ciudad: Total Khéops, título de una de las canciones del grupo de hip hop marsellés ‘I am’. Completan la trilogía Chourmo, chusma en provenzal, y Soleá, que siguen con esa Marsella descrita como una canción desafinada, desesperada y despiadada, completamente trágica aunque realista. En la prosa del escritor marsellés no caben las exageraciones ni el dramatismo, todo lo que sucede en este tríptico bien podría darse en la realidad, la que muestran los periódicos y ante la cual es casi imposible mostrarse indiferente. Entre la luz y las sombras de la personal y contundente visión sin compasión ni tapujos, que de Marsella nos ofrece Izzo, pasearemos junto a Fabio Montale, ex policía y alter ego del autor, por las calles de esa ciudad gastada, una capital que no oculta su alma cruel.
Con un pasado ligado a la literatura, trabajos en librerías, periódicos y bibliotecas y varios libros de poesía publicados no será hasta 1993, con una primera redacción de Total Khéops, cuando Jean Claude Izzo se plantee escribir una novela. Dos años más tarde la versión definitiva será publicada en la “Serie Noire” de Gallimard, alzándose al poco con el prestigioso trofeo que otorga la asociación 813.
Poco después, en 1996, surge Chourmo y la trilogía se ve interrumpida con la publicación de dos antologías de cuentos. En una de ellas (Vivre fatigue) aparece un relato largo protagonizado por el ex policía italiano. En 1998 y a pesar de las presiones de Gallimard, Izzo decide finiquitar las aventuras de Montale con Soleá.
Ya desde las primeras páginas de Total Khéops descubrimos algunos de los fantasmas que recorrerán las tres novelas; los eternos amigos de Montale, Ugo y Manu y su gran amor, Lole. Poco después conoceremos a otros personajes como la tierna Honorine, la vecina. Personajes que, al menos en la mente de Montale, cobrarán gran protagonismo en la trilogía. Total Khéops es la historia de un crudo pasado, de esos que se quiere ocultar a todo el mundo, y un recuerdo a Manu y Ugo, los dos grandes amigos de Fabio que tomaron el camino contrario y acabaron mordiendo el polvo. El primero porque no sabía donde se metía, o quizás sí, pero no calculó hasta donde llegarían las cosas, el segundo por venganza, por honor, por amistad, por las mismas razones que Montale investigará sus crímenes, por las únicas por las que se mata y se muere en Marsella.
Chourmo es la crítica de una realidad, de un presente que algunos no quieren reconocer pero que carcome las entrañas de la ciudad. El maltrato infantil, el racismo, el terrorismo, la intolerancia, la inmigración… se mezclan en una historia que en un principio sigue las mismas líneas que la anterior aunque esta se debe más a la figura de Lole.
Por último la más breve de las tres, Soleá, sobre todo necesaria para conocer el futuro de los personajes y supone un reencuentro del propio Montale consigo mismo en una Marsella calurosa donde llueven cenizas. De nuevo regresan las mafias en una historia empapada de datos reales, búsquedas asfixiantes que dejarán un reguero de sangre por el camino, ausencias irreparables, sentimientos de culpabilidad, desesperación…
En el universo de Izzo todos sufren, incluso el lector –quizás ahí resida el atractivo de la trilogía-. Montale es el resultado de la unión de algunas de las características más comunes de los personajes del género; un hombre solitario acompañado de su botella, amante de la comida y los buenos vinos al más puro estilo Carvalho, apasionado por la música como el Harry Bosch de Connelly e interesado por la literatura. Un hombre frustrado que dejó de ser poli cuando los problemas de los habitantes de las ‘cités’ empezaron a preocuparle y se volvió más educador de calle, más asistente social. Más blando dirían el resto de sus compañeros, al fin y al cabo ni el dolor, ni el asco, ni el miedo empujaban a Montale a apretar el gatillo. Solo la rabia. La que aflora con la muerte, la de seres queridos, inocentes, la que provoca el racismo, el dinero… La muerte presente en cada una de las páginas de la trilogía, que se cierne sobre el pasado, los amores y amistades de Fabio y le hace aferrarse a la vida como a un flotador en medio de un charco. La muerte y el vacío que provoca, que consume y devora a las personas cuando desaparece todo lo que les rodea y ellos, impotentes, no pueden hacer nada para evitarlo.
Si algo ha hecho Fabio durante toda su vida ha sido huir. Huir del pasado, del más reciente y del más remoto. O lo que es lo mismo, huir de la muerte. Descendiente de italianos y españoles –al igual que su creador-, Montale creció en los ambientes marginales de “la primera ciudad del tercer mundo” y fue allí donde descubrió lo efímera que es la vida y lo rápido que se escapa para dejar una huella eterna. Allí descubrió la delincuencia, el dinero fácil, el rechazo. La vida regida por estos actos, la vida de sus grandes amigos y de la que decidió escapar cuando las cosas se les fueron de las manos, cuando lo que se les escapó fue una bala y la vida de un inocente. Pero el nuevo camino que escogió no estaba muy lejos de todo aquello, se enfrentaba a la delincuencia cara a cara y la muerte, incansable, reaparecía día tras día. Montale abandonó su oficio y decidió huir cuando en este segundo combate contra la fatalidad tenía las de perder. Pero su pasado, su oficio y, de nuevo, la muerte perseguían al ex policía que debía enfrentarse a nuevas investigaciones, desapariciones que le tocaban muy de cerca. Para cuando la muerte se torna insoportable y las personas que le amarran a la vida se ven amenazadas huir ya no tiene sentido y retrasar el enfrentamiento es poner en peligro nuevas vidas.
Pero no todo es dolor y, en ocasiones, la muerte deja de asestar golpes para dar espacio al amor. Quizás porque de ese modo coge carrerilla y en su próximo ataque causa más daño. Para Fabio el amor siempre ha tenido la cara de Lole y a pesar de haberse embarcado en otras relaciones siempre tendrá ese rostro. Pero el deseo o el cariño tienen otras caras. La de Leila, una joven magrebí que reflejaba los puentes existentes entre Oriente y Occidente a través de su carrera de literatura. O la de Babette, la periodista con la que había iniciado una relación después de ser entrevistado por ella. Ambas marcadas por la fatalidad. Cûc, de origen vietnamita a la que Montale ni siquiera se permitió el lujo de desear o Hélène Pessayre, que irrumpe en Soleá para enfrentarse al protagonista, atraídos el uno por el otro pero ya sin esperanzas, son algunas de las relaciones que mantendrá el ex policía.
La música es otro de los aspectos que se repite en toda la trilogía. Ya de entrada los títulos de las tres entregas hacen referencia a tres estilos musicales bien distintos, el rap Total Khéops de I Am, el reggae de Massilia Sound System titulado Chourmo y Soleá que además de ser un homenaje al jazz de Milles Davis costituye la columna vertebral del flamenco. Tres estilos diferentes que destacan una misma imagen, el mestizaje de Marsella, y que vienen a ilustrar las palabras de Izzo. Además de los títulos por las páginas de la trilogía suenan artistas tan dispares como Paco de Lucía, Ray Charles, Bob Marley o Los Chunquitos. Otra de las pasiones de Montale es la literatura que descubrió de joven junto a Ugo, Manu y Lole. Poemas de Brauquier que Izzo transcribe o citas de Camus que recita Montale de memoria se repiten en gran parte de la trilogía. Aunque si algo destilan las tres entregas es gastronomía, las recetas de los platos mediterráneos que cocina la vieja Honorine o el propio Montale; bouillabaisse, foccacha, alioli…
Latente en toda la trilogía, la ciudad más allá de ser un simple escenario se convertirse en todo un personaje. “Marsella más cerca del Mediterráneo que de Francia”, más cerca de ese mar al que Montale teme perder a fuerza de verter en él todos los golpes bajos del mundo y de los hombres, ese charco en el que resiste aferrado a su flotador. La Marsella que duele, que se debate entre tiros y vomita su rabia sobre sus habitantes. Pero el dolor no es solo la Marsella que les ha tocado vivir, un juego entre mafias, en el mundo de Izzo el dolor tiene mil caras. El dolor es ver hundirse un padre tras la muerte de su hijo, oír llorar a un niño que espera a su madre, que no, nunca volverá. El dolor es descubrir la justicia, que la policia hace tiempo no practica, en el alma de los marginados, de los habitantes de las ‘cités’.
Para el lector el dolor es descubrir que después de la maravillosa Soleá no volveremos a ver a Montale. Siempre queda un último recurso, la miniserie de tres capítulos rodada para la televisión francesa bajo el título de Fabio Montale con un, para muchos desacertado tanto física como sicológicamente, entrado en años Alain Delon o la película Total Khéops dirigida por Alain Bévérin que tampoco logró alcanzar la calidad de la obra de Izzo.
servido por sangrepolar
sin comentarios
compártelo
Me propongo, ahora que ha llegado el verano, actualizar Sangre Polar más a menudo. Crear nuevas secciones, recuperar otras y seguir publicando reseñas. Muy probablemente la próxima sea sobre la novela ganadora de los premios NovelPol y Brigada 21; Maderos. Pero antes continuaré con las Crónicas de un semanero. Intercalando entre éstas para no aburrir trataré de descubrir al lector nuevos destinos negros.
El diario Reforma de México publicó el pasado mes de abril en su suplemento de libros Hoja por hoja un especial sobre la novela negra bajo el título de Al son de la negra. Éste curioso slogan es también el título del primer artículo que repasa la historia de la novela negropolicial y el cine negro. Aquí la novela es roja es el título del segundo artículo del suplemento que recorre las novelas más importantes del género rojo en México. Luego en la sección Libro Albedrío podrán encontrar la selección (que ya publicamos hace unos meses aquí) de las mejores 20 novelas del género según Paco Ignacio Taibo II.
La novela negra tiene un público fiel que nunca ha dejado de encontrar en sus retorcidas y brillantes tramas una fuente de interés y disfrute sin igual. Libreros completos han sido dedicados a las obras de Agatha Christie, Arthur Conan Doyle, Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Paco Ignacio Taibo II o, más recientemente, Henning Mankell, y para los dueños de dichas repisas, así como para aquéllos que apenas comienzan a llenarlas, hemos dedicado estas páginas centrales al género policiaco. Así, mientras Nicolás Alvarado visita los orígenes y posteriores derroteros de los libros de detectives, Federico Campbell explora las complicaciones y particularidades que dichos relatos adquieren en tierras mexicanas
servido por sangrepolar
sin comentarios
compártelo
Ayer estuve en el reino de las sombras
Hay palabras que dibujan un lugar, un personaje o un acto, palabras que son el soporte de la imaginación... y hay palabras que quedan destruidas, que no son más que sombras, palabras transformadas en imágenes que han perdido el sentido, el mensaje, en su metamorfosis. Hollywood es como Gila, su boina roja y el teléfono en la mesita. Hollywood es dinero, y dinero llama a dinero. Hollywood es esa máquina que convierte cada novela en película, esa máquina que pierde aceite a cada palabra que estruja. Es el reino de las sombras, la frustración y humillación de tantos escritores, Hollywood y literatura es un coctel que no siempre dio buenos resultados.
Todo comenzó cuando solo eran sombras, nada más que sombras, cuando habrían la boca y los ojos expresaban la tristeza de no poder hablar, entonces habrían más los ojos y movían las manos como unos energumenos y de repente una pantalla negra con letras interrumpía la imagen. Sombras nada más, cine mudo.
Poco después, cuando a las imágenes se les unió el sonido, llegarón a Hollywood los primeros escritores, ingenuos, que abrieron las puertas del reino al resto del gremio. La mayoría de los escritores que llegaron a Hollywood lo hicieron con la intención de enriquecerse, gran parte de ellos tenían familia que mantener o algunas propiedades en bancarrota como Faulkner que colaboró en la gestación de dos grandes clasicos del cine (negro en particular), Tener o no tener y El sueño eterno. Al Nobel le siguieron otros escritores entre los que destacan los negrocriminales Cain, Chandler o Hammett además de Fante, Dos Passos, Parker o Scott Fitzgerald que peregrinaron durante la década de los años 30 y 40 a la meca del cine.
Pero Hollywood no solo era ese trampolín hasta el estrellato-estrellazo, era la ciudad del deseo, allí cualquier pasión se convertía en vicio. Las productoras les explotaban, se quejaba Chandler, apenas les tenían en cuenta y se sentían humillados. Ese caracter altivo, esa mirada fría y ese desdén recriminatorio de aquellos escritores cuya modestia se había quedado en las puertas de la ciudad se vio reprimida. Habían vendido su alma, su obra, y era tan triste despedirse de ella que habían decidido acompañarla hasta allí. Una vez en Hollywood quedaron hipnotizados por ese brillo barato de las estrellas que habían visto en el cine y que ahora podían tocar, por la comodidad de vivir en habitaciones de hoteles de cinco estrellas.
Hammett y el maldito Hollywood
Hammett llegó a Hollywood en 1930 cuando su primera novela, Cosecha Roja, escrita tan solo un año antes iba a ser llevada a la gran pantalla por la Paramount. Hammett, al contrario que otros escriotes, "no había vendido su alma al diablo", el dinero no le atraía y a la productora le costó que firmase un contrato. Hammett era inmune al virus Hollywood y defendió sus ideas y sus caprichos ante la productora. Roadhouse Nights se estrenó ese mismo año, una producción que duraba poco más de una hora y cuyo reparto no encabezaba nadie de prestigio no podía tener éxito y en efecto la película no hizo mucho ruido. Pero Hollywood como una femme-fatale no se dio por vencido y descubrió las debilidades del joven Hammett, el alcohol. Quizás sea porqué el fracaso de la película no le permitió imponer sus ideas en los siguientes guiones o porqué la productora dejó de confiar en él, quizás porqué ahora se limitaba únicamente a corregir los guiones, sea por lo que sea Hammett comenzó a beber. Por encargo comenzó a escribir la serie del agente secreto X9 que debía hacer frente al fenómeno Dick Tracy, mientras tanto Dashiell acudía a fiestas, y gastaba su dinero en trajes, limusinas y alcohol. Fracasó, ni X9 pudo hacer frente a Dick Tracy, más que nada porqué Hammett no cumplía los plazos para entregar las historietas, ni sus correcciones y guiones gustaron a la productora y abandonó Hollywood.
Hollywood siempre llama dos veces
James M. Cain era periodista cuando el Crack del 29 y el inicio de la Gran Depresión llevó a la mayoría de empresas a reducir su plantilla, así que Cain fue despedido. Pero aún así fue afortunado y la suerte se materializó en forma de contrato como guionista para la Paramount. Poco después llegaría el caso Synder-Gray semilla de El cartero siempre llama dos veces que batió records de ventas sobre todo por la polémica que desato su censura en varios estados y pronto se compraron sus derechos para realizar una versión cinematográfica, aunque ésta se vio retrasada. Poco después y siguiendo la estela del famoso caso de asesinato publicó Pacto de Sangre. Billy Wilder compró los derechos de la novela y llamó a Cain para que escribiese el guión pero el escritor no aceptó ya que estaba escribiendo otro guión para la Fox de modo que contrató Chandler que por aquel entonces odiaba a Cain, de quien decía que le había plagiado. Cain siguió publicando novelas polémicas alternandolas con guiones para películas y en 1944 Wilder estrenó Perdición, en el 45 Curtiz dirigió Alma en suplico basada también en una novela de Cain y en 1946, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial y antes de que la censura hiciese mella en la historia, se estrenó El cartero siempre llama dos veces.
servido por sangrepolar
5 comentarios
compártelo
La isla del mar Caribe, la tierra mas hermosa que han visto jamas ojos humanos que decía Colón, el país de los boleros... Cuba contempla oprimida por la dictadura todos sus crímenes, mientras sus habitantes y turistas se deleitan plasmando la vida cotidiana de la isla entre intrigas, asesinatos, venganzas y corrupciones y es que Cuba es y ha sido escenario de muchas novelas de género.
Teléfono rojo Volamos hacia La Habana
A finales de los 50 Graham Greene aterriza en la isla con la intención de escribir un artículo sobre el por aquel entonces joven Fidel Castro. Poco antes había escrito una novela ambientada en el Tallin(Estonia) de finales de los años 30 donde un agente secreto inglés engañaba a los servicios de inteligencia británicos manipulado por su mujer. Era exactamente 1940 y la guerra fría se aproximaba, escrita con toques de humor aquella obra no haría mucha gracia a la Unión Sovietica ni a Estados Unidos. La Habana ofrecía un espacio atractivo y humorístico, Greene decidió ambientar allí la novela y cambiar el personaje de la mujer por el de la hija. Nace así Nuestro hombre en La Habana que sería publicada en la isla en 1958, años después de que el autor la abandonase por el continente africano completamente arruinado después de perder parte de su dinero en el juego y la otra parte comprando bicarbonato creyendo que adquiría cocaína.
La Guerra Fría siempre fue en pretexto para ambientar las novelas de espionaje lejos de los paises del este. Cuba destacaba entre aquellos destinos, y no solo Graham Greene desvío a allí sus aventuras, también lo hizo Ian Fleming el padre del mítico Bond y otro escritor menos conocido, Leon Uris. Si por algo es recordado este escritor estadounidense es por la fallida versión cinematográfica que realizó Alfred Hitchcock de su novela Topaz. Para aquellos que no hayan visto la película, la historia gira alrededor de un agente secreto francés implicado en la Guerra Fría y las construcciones militares que el gobierno ruso estaba construyendo en la isla.
En 1995 Stuart Kaminsky publica Hard Currency ambientada en una Unión Soviética impasible ante la caída de la estatua de Lenin donde su personaje principal, el inspector Porfiry Rostnikov es envíado a la isla en una misión de investigación criminal. Mientras en Rusia las calles de la capital se tiñen del rojo de la sangre que destilan los cuerpos descuartizados de jovenes asesinadas en rituales sexuales y violentos.
servido por sangrepolar
sin comentarios
compártelo
El origen de los actuales "thrillers judiciales", cultivados principalmente por John Grisham, se remonta a la dinastía Chang. Ya saben, hoy en día está de moda decir que todo lo que hoy en día está de moda es más antiguo que Franco, vamos que si está de moda la novela negro-criminal no faltará aquel que diga que la primera novela negro-criminal es La Biblia. Como diría Andreu Martín "alguien se imagina una colección de novela negra cuyo primer título sea La Biblia". De modo que tampoco imaginamos una colección de "thriller judicial" cuyo primer título sea La perla del emperador o Muerte en Cantón novelas que datan del ochocientos y pico. Lo imaginemos o no es así, y en 1940 un tal Robert Van Gulik recuperó estos manuscritos protagonizados por el juez chino Ti Yen-Tsie. "Al analizar los métodos del juez Ti -afirma Fereydoun Hoveyda en su «Historia de la novela policial»- no tenemos más remedio que admitir que este género nació, sin lugar a dudas, en el Celeste Imperio y fue introducido, durante el siglo XIX, junto a otras "chinoseries", como un elemento más del "exotismo oriental".
Pero no, este artículo no va dedicado al "thriller policial", ni al juez Ti, sino a la novela negra japonesa, china, coreana... como ustedes prefieran, a las novelas protagonizadas por geishas asesinas (¿hay alguna?), concubinas y demás personajes de la cultura oriental.
Nipon Noir
El género en Japón a penas ha tenido relevancia fuera de sus fronteras, cierto es que el cine japonés ha producido algunas películas memorables que si han llegado a nuestro país, como el cine de Kurozawa, sin embargo no ha sucedido lo mismo con la literatura negra de la isla. De modo que quien se crea un lumbreras por haber visto películas del nipón como El perro rabioso que me diga que sabe de Jiro Ikushima, Arimasa Osawa o Mangetsu Hanamura. En fin, sobran las palabras, ¿o faltan?
Realmente, la ficción criminal en Japón es uno de los géneros más cultivados por sus escritores y directores de cine siendo poco conocida ésta faceta más allá de sus fronteras. El género negro sería introducido en el país nipón durante la Segunda Guerra Mundial cuando el ejército americano lo invadió y exportó aquellas novelas duras publicadas en tapa rústica en una colección especial conocida como las "novelas de bolsillo de misterio de Hayakawa" iniciada en 1953 con los títulos Cosecha negra de Hammett y La novía vestida de negro de Cornell Woolrich.
Durante los años 50 los japoneses comenzarían a experimentar con el género negro siendo Haruhiko Oyabu el primer escritor en destacar con una serie de novelas patentemente influenciadas por el Hard Boiled americano y la obra de Mickey Spillane. En los años 60 y 70 al pionero Oyabu se le unirían Tensei Kono, Shouji Yuuki y Jiro Ikushima y se reconocieron extensamente por sus novelas detectivescas. Pronto se crearía la pimera asociación de escritores policíacos del país y concederían un premio anual.
servido por sangrepolar
2 comentarios
compártelo