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La Coctelera

Categoría: Las claves del crimen PERFECTO

13 Diciembre 2006

El simple arte de matar

Raymond Chandler escribió hace ya algún tiempo un interesantísmo ensayo sobre el no tan simple arte de matar. Bueno, lo complicado no es hacerlo, es como en muchos casos, hacerlo bien. Muchos escritores nos han desvelado sus claves para escribir una buena novela o nos han confesado sus obras preferidas dentro del género, no tienen más que buscar en nuestros archivos y podrán comprobar los secretos de escritores de la talla de Patricia Higsmith, Elmore Leonard, Truman Capote, Paco Taibo y otros grandes. Pero nunca antes habíamos pensado en Raymond Chandler. Craso error. Tratamos de compensarlo ahora con la publicación de algunos fragmentos de este interesantísimo ensayo.

El otro día hablábamos de los best-sellerspero éstos no son fruto de los últimos años, Chandler ya habló sobre ellos en su ensayo, , " los best-sellers, que son trabajos de promoción basados en una especie de explotación indirecta del esnobismo, cuidadosamente escoltados por las focas adiestradas de la fraternidad crítica, y cuidados y regados con amor por ciertos grupos de presión demasiado poderosos, cuyo negocio consiste en vender libros, aunque prefieren que uno crea que están estimulando la cultura. Atrásese un poco en sus pagos y descubrirá cuán idealistas son".
No solo de los best-sellers existen prejuicios, también existen y es uno de los que más nos afectan, prejuicios contra la novela policial, muchos de ellos infundados por propios escritores del género como denunciaba Chandler, "en su introducción al primer Omnibus of Crime, Dorothy Sayers escribía: «El relato detectivesco no llega, y por hipótesis nunca puede llegar, al plano más alto de logro literario. Y en otra parte sugería que ello se debe a que se trata de una «literatura de evasión» y no de una «literatura de expresión» (...) en cuanto a literatura de expresión y literatura de evasión, pertenece a la jerga de los críticos, es una utilización de palabras abstractas como si tuviesen significados absolutos. Todo lo que se escribe con vitalidad expresa esa vitalidad; no hay temas vulgares; sólo hay mentalidades vulgares. Todos los que leen escapan de algo hacia lo que hay detrás de la página impresa; puede discutirse la calidad del sueño, pero la liberación que ofrece se ha convertido en una necesidad funcional. Todos los hombres tienen que escapar en ocasiones del mortífero ritmo de sus pensamientos íntimos.


Algo antes Chandler ya había escrito sobre el género detectivesco,
"El relato de detectives (...) tiene que encontrar su público por medio de un lento proceso de destilación. Así lo hace, y se aferra a él con gran tenacidad, y eso es un hecho. (...) Todos los escritores de relatos de detectives cometen errores, y ninguno sabrá nunca tanto como debería. Conan Doyle cometió errores que invalidaron por completo algunos de sus relatos, pero fue un precursor, y a fin de cuentas Sherlock Holmes es sobre todo una actitud y algunas docenas de líneas de un diálogo inolvidable (...) la Edad de Oro de la ficción detectivesca empieza después de la Primera Guerra Mundial y dura más o menos hasta 1930." Otro de los puntos importantes del género es el detective y Chandler presenta las características génerales de un buen investigador, "El detective de esta clase de relatos tiene que ser un hombre así: es el protagonista, lo es todo. Debe ser un hombre completo y un hombre común, y al mismo tiempo un hombre extraordinario. Debe ser, para usar una frase más bien trajinada, un hombre de honor por instinto, por inevitabilidad, sin pensarlo, y por cierto que sin decirlo. Debe ser el mejor hombre de este mundo, y un hombre lo bastante bueno para cualquier mundo. Su vida privada no me importa mucho; creo que podría seducir a una duquesa, y estoy muy seguro de que no tocaría a una virgen. Si es un hombre de honor en una cosa, lo es en todas las cosas.
Es un hombre relativamente pobre, pues de lo contrario no sería detective. Es un hombre común, pues de lo contrario no viviría entre gente común. Tiene un cierto conocimiento del carácter ajeno, o no conocería su trabajo. No acepta con deshonestidad el dinero de nadie ni la insolencia de nadie sin la correspondiente y desapasionada venganza. Es un hombre solitario, y su orgullo consiste en que uno le trate como a un hombre orgulloso o tenga que lamentar haberle conocido. Habla como habla el hombre de su época, es decir, con tosco ingenio, con un vivaz sentimiento de lo grotesco, con repugnancia por los fingimientos y con desprecio por la mezquindad."

Por último y no por ello menos importante los gustos literarios de Chandler (aunque de forma resumida), "Echemos una mirada a una de las glorias de la literatura, una obra maestra reconocida del arte de engañar al lector sin estafarlo. Se llama El misterio de la casa roja, fue escrita por A. A. Milne y Alexander Wollcott. la consideró «uno de los tres mejores relatos de misterio de todos los tiempos». Palabras de esas dimensiones no se pronuncian con ligereza. El libro se publicó en 1922, pero es casi intemporal (...) Es un libro agradable, ligero, divertido, al estilo de Punch, escrito con una engañosa suavidad que no es tan fácil como parece. Y finaliza hablando de uno de sus admirados y admiradores, Hammett. "No es fácil decidir ahora, aunque tenga importancia, cuán original fue en verdad Hammett como escritor. Fue uno en un grupo, el único que logró el reconocimiento de la crítica, pero no el único que escribió o trató de escribir verdaderas novelas de misterio realistas. Todos los movimientos literarios son así: se elige a un individuo como representante de todo el movimiento; por lo general es la culminación de éste. Hammett fue el as del grupo, pero no hay en su obra nada que no esté implícito en las primeras novelas y cuentos cortos de Hemingway.
Y, sin embargo, por lo que sé, es posible que Hemingway haya aprendido algo de Hammett (...) Dudo que Hammett tuviese algún objetivo artístico deliberado; trataba de ganarse la vida escribiendo algo acerca de lo cual contaba con información de primera mano. Una parte la inventó; todos los escritores lo hacen; pero tenía una base en la realidad; estaba compuesta de cosas reales. La única realidad que los escritores ingleses de novelas de detectives conocían era el acento que usaban en su conversación los habitantes de Surbiton y de Bognor Regis (...) Hammett escribió al principio (y casi hasta el final) para personas con una actitud aguda y agresiva hacia la vida. No tenían miedo del lado peor de las cosas; vivían en ese lado. La violencia no les acongojaba. Hammett devolvió el asesinato al tipo de personas que lo cometen por algún motivo, y no por el solo hecho de proporcionar un cadáver. Y con los medios de que disponían, y no con pistolas de duelo cinceladas a mano, curare y peces tropicales. Describió a esas personas en el papel tales como son, y las hizo hablar y pensar en el lenguaje que habitualmente usaban para tales fines (...) Hammett hizo algo más: hizo que resultase divertido escribir novelas de detectives, y no un agotador encadenamiento de claves insignificantes.

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25 Agosto 2006

Cocinar el crímen... a sangre fría

En 1957,"The Paris Review" -que debe ser algo así como la digital "The Barcelona Review" que todos conocemos- entrevistó al autor de "A sangre fría" que toma las riendas de nuestra sección para conocer las claves de escritura de los principales escritores del género. A partir de la pregunta ¿Qué fue lo primero que usted escribió? entramos en su mundo.

Cuentos. Y mis más desaforadas ambiciones aún giran alrededor de este género. Me parece que cuando es explorado con seriedad el cuento es la forma más difícil de escritura, y la que exige la mayor disciplina. Todo el control y la técnica que tengo los debo completamente a mi experiencia con este medio de comunicación.
¿A qué se refiere exactamente al decir ' control ' ?
Me refiero a mantener una preeminencia estilística y emocional sobre el material. Llámelo algo precioso y olvídelo, pero creo que un cuento puede hundirse por un ritmo inadecuado en una frase —especialmente si se presenta cerca del final— o por un error en la organización de los párrafos, o incluso por la puntuación. Henry James es el maestro del punto y coma. Hemingway es un organizador de párrafos de primera clase. Desde el punto de vista del oído, Virginia Woolf nunca escribió una frase mala. No quiero decir con ello que yo practico lo que predico. Sólo trato de hacerlo, eso es todo.
¿Cómo llega uno a la técnica del cuento?
Puesto que cada cuento presenta sus propios problemas técnicos, obviamente no se pueden hacer generalizaciones al estilo de dos-y-dos-son-cuatro. Para encontrar la forma adecuada para tu cuento, simplemente tienes que descubrir la forma más natural para contar la historia. La forma de comprobar si el escritor ha adivinado la forma natural para contar su historia es la siguiente: después de leerla, ¿puedes imaginarla de manera diferente, o bien silencia a tu imaginación y te parece absoluta y final? De la misma manera como una naranja es algo definitivo. De la misma manera como una naranja es algo que la naturaleza ha hecho simplemente bien.
¿Hay recursos para mejorar la propia técnica de escritura?
El único recurso que conozco es el trabajo. La escritura tiene leyes de perspectiva, de luz y sombra, igual que la pintura o la música. Si naces conociéndolas, perfecto. Si no, apréndelas. Y entonces reacomoda las reglas para que se adapten a ti. Incluso Joyce, nuestro más extremo inconforme, era un espléndido artesano; él pudo escribir Ulises precisamente porque pudo escribir Dublineses. Demasiados escritores parecen considerar que escribir cuentos es una especie de ejercicio con los dedos. Bueno, en tales casos lo único que hacen es ejercitar sus dedos...

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19 Agosto 2006

El crimen perfecto de... Patricia Highsmith (por David Torres)

Conseguir que una idea se convierta en un buen argumento es una de los logros más complicados de la literatura. La escritora estadounidense Patricia Highsmith (1921-1995) daba sus propios consejos.

Una anécdota, una situación cotidiana, un hecho insólito, una imagen, una conversación robada, pueden servir de punto de encuentro para crear una historia de ficción, pero habrá que desarrollarla en su justa medida para que el escritor encuentre la fórmula creativa de contarla.

“Al decir desarrollo de una historia me refiero al proceso que debe tener lugar entre el germen de una narración —puntos borrosos, los llamaba Highsmith— y la preparación detallada de su argumento”.

“La idea debe ampliarse con personajes, con marco, con ambiente. De lo que se trata es de vivir con los personajes en su marco durante un tiempo antes de escribir la primera palabra [incluso conocer su infancia de antemano, aunque no la contemos]. El marco gobierna en gran medida el tipo de personajes que utilizarás. Pero la narración podría mejorar si se utilizara un personaje que no fuera nada típico del marco en cuestión”, apuntaba la creadora de “El talento de Mr. Ripley”.

Una vez que el escritor haya pasado de la tormenta de ideas (idea inicial) hasta el anticiclón del argumento, el siguiente paso es espesar la línea argumental. Se trata de encontrar técnicas creativas que despierten el interés del lector. Así lo sugería Patricia Highsmith.

“¿Cómo se mejora un argumento? Mejorar o espesar un argumento consiste en crearle complicaciones al héroe o quizás a sus enemigos. Estas complicaciones tienen efecto cuando cobran forma de acontecimientos inesperados. Si el escritor es capaz de espesar el argumento y sorprender al lector, lógicamente, la trama mejora”.

PATRICIA HIGHSMITH SE HACE TRES PREGUNTAS PARA "ESPESAR" EL ARGUMENTO

¿Cómo saldrá el protagonista de esta peripecia: vencedor o vencido?: EL CONFLICTO

¿El ambiente será de comedia o de tragedia o de ambas cosas?: EL TONO y EL ESPACIO DE LA NARRACIÓN.

¿Se trata de relatar un suceso sin mostrar emoción alguna para que el lector saque de ello su propias conclusiones?: OBJETIVIDAD O SUBJETIVIDAD

Con estos consejos, vemos que una idea convertida en argumento debe avanzar. Espesar el argumento tiene como finalidad crearle un conflicto al personaje de la historia; conflicto que, dentro del cuento contemporáneo, tiene mucho que ver no con lo que hace el protagonista, sino con lo que desea. De esta manera, espesar un argumento no es sólo dotar de acciones a la narración, sino también de emociones.

¿Centrarnos en el personaje (sus circunstancias, sus obsesiones) o en el argumento (acciones, sucesos)? La escritora estadounidense no se atrevía a decantarse por alguna de las dos opciones: “Yo me he concentrado en una de las dos cosas, o en ambas. Lo más frecuente es que se me ocurra un poco de acción, sin personajes relacionados con ella, que constituirá el clímax, a veces el principio, de mi narración. Un personaje lleno de peculiaridades dará, debido a sus peculiaridades, acción inicial a la trama; otras veces se da un avance en la acción y el personaje no es tan importante”.

En definitiva, argumentos en los que predomine el conflicto, ese obstáculo que sale al paso del protagonista y ante el cual, tarde o temprano, tendrá que tomar decisiones. La tarea parece difícil, pero surge después de madurar el germen, ese punto borroso, de la historia de ficción, esa idea inicial que por sí sola no es suficiente.

Pese a todo, Patricia Highsmith recomendaba: “Es sorprendente ver cuán a menudo una frase anotada en una libreta conduce inmediatamente a otra frase. Puede ocurrir que se desarrolle un argumento a medida que vas tomando notas. Palabras de esta gran aviadora de la literatura, nacida en Forth Worth (Texas) y fallecida en Locarno (Suiza).

Fuentes:
“Suspense: Cómo se escribe una novela de intriga” de Patricia Highsmith; editado por Editorial Anagrama.
“Escribir, Manual de técnicas narrativas”, de Enrique Páez; editado por Editorial SM.

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22 Julio 2006

Las claves del crimen perfecto según... Elmore Leonard

A lo largo del camino me hice con algunas reglas que me ayudan a permanecer invisible cuando estoy escribiendo un libro, que me ayudan a mostrar más que a contar lo que está pasando en la historia. Si tienes imaginación y facilidad para la palabra, y el sonido de tu voz te satisface, la invisibilidad no es lo que estás buscando, y podrías saltearte estas reglas.

Pero aún así, deberías mantenerlas vigiladas.

1. Nunca abras un libro hablando del clima. Si es sólo para crear la atmósfera, y no para mostrar la reacción de algún personaje ante el clima, mejor que no sigas.

2. Evita los prólogos. Pueden ser irritantes, especialmente los prólogos seguidos por introducciones seguidas por preámbulos. Por lo general se los encuentra en los ensayos. Pero en las novelas, un prólogo es historia, y se lo puede dejar caer adentro en donde quieras.

Hay un prólogo en el Dulce Jueves de Steinbeck, pero está bien porque un personaje en el libro hace comprender a qué se refiere mi regla. Él dice: “Me gusta que se hable mucho en los libros y no me gusta que nadie me diga cómo luce el tipo que está hablando. Quiero imaginarme cómo luce a partir de la forma en que habla... imaginar lo que el tipo piensa a partir de lo que dice. Me gusta que haya un poco de descripciones, pero no mucho... A veces me gusta que un libro se relaje con un racimo de hooptedodle... Tal vez que haga bailar algunas bonitas palabras, o que cante una cancioncita con el lenguaje. Eso es lindo. Pero me gustaría que estuviera aparte, así no tengo que leerlo. No quiero nada de hooptedoodle que se mezcle con la historia.”

3. Nunca uses otro verbo que no sea “dijo” para llevar un diálogo. La línea de diálogo pertenece al personaje; el verbo es el autor metiendo la nariz. Pero al menos “dijo” es mucho menos invasivo que “jadeó”, “advirtió” o “mintió”. Una vez noté que Mary McCarthy terminaba una línea de diálogo con “ella aseveró”, y tuve que parar de leer y conseguir un diccionario.

4. Nunca uses un adverbio para modificar el verbo “dijo”... él amonestó seriamente. Usar un adverbio de esta forma (o casi de cualquier forma) es un pecado mortal. El autor se está exponiendo de verdad, usando una palabra que distrae y puede interrumpir el ritmo de la charla. Tengo un personaje en una de mis novelas que cuenta cómo solía escribir romances históricos “llenos de violaciones y adverbios”.

5. Mantén tus signos de exclamación bajo control. Deberías permitirte no más de dos o tres cada 100.000 palabras. Ahora, si aprendes a jugar con los signos de exclamación como lo hace Tom Wolfe, entonces sí, puedes arrojarlos de a puñados.

6. Nunca uses las expresiones “de pronto” o “de repente”. Esta regla no necesita una explicación. He notado que los escritores que usan “de pronto” tienden a ejercer un menor control en el uso de los signos de exclamación.

7. Usa los dialectos o las jergas en pequeñas cantidades. Una vez que empieces a escribir las palabras en los diálogos por fonética y a llenar las páginas con apóstrofes, ya no podrás parar.

8. Evita las descripciones detalladas de los personajes. Algo de lo que Steinbeck se cuidó mucho. En “Colinas como elefantes blancos” de Hemingway, ¿qué apariencia tienen “el americano y la chica con él”? “Ella se había quitado el sombrero y lo había puesto sobre la mesa” es la única descripción física de la historia, y aún así vemos a la pareja y los conocemos por los tonos de voz, sin un solo adverbio a la vista.

9. No caigas en grandes descripciones de lugares y cosas. A menos que seas Margaret Atwood y puedas pintar escenas con el lenguaje, o escribir paisajes con el estilo de Jim Harrison. Pero aún si eres bueno en esto, no querrías que las descripciones provoquen una pausa en la acción, en el fluir de la historia.

10. Y por último: trata de abandonar las partes que los lectores tienden a saltarse. Piensa en lo que te salteas de una novela: gruesos párrafos de prosa, que contienen demasiadas palabras. Ahí el escritor está escribiendo, haciendo hooptedoodle, tal vez tomando otra foto del clima, o quizás se haya ido al interior de la cabeza del personaje. Y el lector o bien ya sabe lo que el tipo está pensando, o bien no le interesa. Apuesto a que, en cambio, no te salteas los diálogos.

Mi regla más importante es una que resume las diez:

si suena como escritura, lo reescribo.

O, dicho de otra forma, si el uso “correcto” se mete en el camino, tiene que irse. No puedo permitir que lo que aprendimos en la clase de composición quiebre el sonido y el ritmo de la narración. Es mi intento de permanecer invisible, de no distraer al lector de la historia con “escritura evidente” (Joseph Conrad dijo algo acerca de las palabras que se meten en el camino de lo que quieres decir). Si escribo en escenas y siempre desde el punto de vista de un personaje en particular —aquel cuya vista hace más vívida la escena—, puedo concentrarme en las voces de los personajes contándote quiénes son y cómo se sienten con lo que está pasando, y así yo me quedo bien oculto.

Lo que Steinbeck hace en Dulce Jueves es titular sus capítulos con una indicación, aunque algo oscura, acerca de lo que contienen. “Los Dioses vuelven locos a quienes aman” es uno, “Asqueroso miércoles” es otro. El tercer capítulo se llama “Hooptedoodle 1” y el capítulo 38, “Hooptedoodle 2”, como advertencia al lector, como si le dijera: “Aquí es donde me verás volar mi imaginación en la escritura, y nada de esto tendrá que ver con la historia. Saltéatelo si quieres”.

Dulce Jueves salió en 1954, justo cuando yo comenzaba a publicar, y nunca he olvidado ese prólogo.

¿Si me leí los capítulos de hooptedoodle?

Palabra por palabra.

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30 Abril 2006

Lista negra para Sant Jordi (VI)

Más polémica que la lista de McCarthy, más negra que la lista de Schindler, presentamos la lista negra para Sant Jordi, escritores, periodistas y libreros especializados en el género nos desvelan sus novelas preferidas y las mejores publicadas el pasado 2005.

Zeki director de la publicación electrónica La Gangsterera dedicada al género negro
Las mejores novelas del pasado 2005
1. La vidas ajenas de José Ovejero
2. La parte del muerto de Yasmina Khadra
3. Bangkok Tattoo de John Burdett
4. Que siga el baile de Julián Ibañez

1. La llave de cristal de Dashiell Hammett
2. Un diamante al rojo vivo de Donald Westlake
3. A quemarropa de Richard Strak (Donald Westlake)
4. Morituri de Yasmina Khadra
5. 8 millones de maneras de morir de Lawrence Block
6. La Jungla de asfalto de W. Riley Burnett
7. Black & Blue de Ian Rankin
8. Un beso de amigo de Juan Madrid
9. El señor Capone no está en casa de Andreu Martín
10. La hermana pequeña de Raymond Chandler

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24 Abril 2006

Lista negra para Sant Jordi (II)

Más polémica que la lista de McCarthy, más negra que la lista de Schindler, presentamos la lista negra para Sant Jordi, escritores, periodistas y libreros especializados en el género nos desvelan sus novelas preferidas y las mejores publicadas el pasado 2005.

Juan uno de los propietarios de la madrileña Estudio en Escarlata la librería de los género populares
Las mejores novelas del pasado 2005
1. Manteca colorá de Montero Glez
2. Danza de tinieblas de Eduardo Vaquerizo
3. El leopardo de la medianoche de James McClure

1. Las memorias de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle
2. El largo adiós de Raymond Chandler
3. El halcón maltés de Dashiell Hammett
4. No hay orquídeas para miss Blandish de James Hadley Chase
5. La máscara de Dimitrios de Eric Ambler
6. La Dalia negra de James Ellroy
7. Luna caliente de Mempo Giardinelli
8. La mirada del observador de Marc Behm
9. Los pájaros de Bangkok de Manuel Vázquez Montalbán
10. Prótesis de Andreu Martín

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24 Abril 2006

Lista negra para Sant Jordi (I)

Más polémica que la lista de McCarthy, más negra que la lista de Schindler, presentamos la lista negra para Sant Jordi, escritores, periodistas y libreros especializados en el género nos desvelan sus novelas preferidas y las mejores publicadas el pasado 2005.

Jordi Canal director de la biblioteca La Bóbila especializada en género negro y policial
Las mejores novelas del pasado 2005
1. Maderos de Ken Bruen
2. La neblina del ayer de Leonardo Padura
3. La vida es un tango de Lorenzo Lunar
4.Soleá de Jean-Claude Izzo

1. Cosecha roja de Dashiell Hammett
2. El largo adiós de Raymond Chandler
3. Soleá de Jean-Claude Izzo
4. 1280 almas de Jim Thompson
5. L.A. Confidencial de James Ellroy
6. La mirada del observador de Marc Behm
7. Disparen contra el pianista de David Goodis
8. El hada carabina de Daniel Pennac
9. La vida fugint (Il fuggiasco) de Massimo Carlotto
10. Los mares del sur de Manuel Vázquez Montalbán

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22 Abril 2006

La lista negra


Paco Ignacio Taibo II director de la Semana Negra de Gijón cansado de la misma pregunta de siempre -¿qué novelas nos recomiendas, Paco?- resume en las siguientes linies sus novelas preferidas

He escrito esta lista de literatura negra muchas veces y lo que más me divierte es que va variando al calor de nuevas lecturas y relecturas. La escribí a petición de los que te preguntan sobre los libros que te gustaría llevar a una isla desierta, pero como no pienso hacerlo hasta que no haya un changarrito que venda tabaco, libros y refrescos en el centro de la tan mentada isla, me motivé pensando qué novelas quería que hubiera en la biblioteca del reclusorio si un día voy a dar a la cárcel.
1. Desde luego Ojos azules, de Jerome Charyn, para mi gusto, la mejor novela policiaca contemporánea. Usando un policía judío amante del ping pong y el mundo mágico de Nueva York que lo rodea, no le pide nada a García Márquez en esto de la creación de atmósferas.
2 y 3. Una novela que cada vez me gusta más, conforme pasan los años tras haberla leído: La puerta de los corceles (Stallion Gate, Los Álamos en la versión española de Planeta), de Martin Cruz Smith. Es una novela excepcional, que cuenta el ambiguo mundo de los creadores de la bomba atómica estadounidense en el desierto de Nuevo México en 1940, las sospechas de infiltración, la mezcla de científicos de países ocupados por el fascismo con generales estadounidenses, y en medio de todo ello, el mundo indígena de la reserva de los indios pueblo. Pero hay otra novela del mismo autor que ha venido conquistándome al paso del tiempo, se trata de La Rosa.
4. Un ciego con una pistola, de Chester Himes, la más sorprendente de las historias del Mago de Harlem, quizá porque es por esencia una novela violadora del género y porque no hay nada más absurdo que la realidad según se puede comprobar leyendo. He envidiado durante años sus cojones de producir un final absolutamente abierto.
5. Una clásica: La llave de cristal, de Dashiell Hammett, quizá porque se trata de una novela muy cuidada literariamente y porque explora, en medio de un juego de complejizaciones anecdóticas, el mecanismo de la fidelidad entre amigos, un tópico de la novela negra inaugurado por Hammett. Y tuvo que gustarme mucho para que la prefiera a Cosecha roja.
6. Sin ninguna duda, Los mares del sur, de Manuel Vázquez Montalbán, el fundador del género en España. La exploración del síndrome de Gauguin aplicada al neopoliciaco; quizá la mejor descripción del destino anticipado de la España postfranquista, su conversión en un país de cínicos autocomplacientes, nostálgicos y desesperados.
7. De Jean-François Vilar prefiero Los exagerados, un libro sobre la revolución francesa, el eco en el París de hoy de la revolución: una película, un museo de cera y un fotógrafo. Vilar, mal publicado en español, es un autor de culto francamente subterráneo.
8. Una legendaria: El largo adiós, mi novela favorita de Raymond Chandler y quizá la más contemporánea de sus obras. La primera en la que logra verdaderamente que el enigma quede absolutamente desplazado y compensado por la melancolía de la búsqueda.
9. El caso Banchero del peruano Guillermo Thorndyke, un libro inolvidable, brillante, en el terreno de la novela de “no ficción”. La historia del asesinato de un millonario y por extensión la historia de un turbio y extraño mundo. La demostración de que la realidad produce rompecabezas a los que le faltan piezas.
10 y 11. Dos mexicanas, las novelas fundadoras del género en México, cuyos autores se negaron a presentarlas como tales: Los albañiles, de Vicente Leñero, y Las muertas, de Jorge Ibargüengoitia. No le piden nada a cualquiera de las anteriores, abandone usted su malinchismo. La inteligencia no deja sitio para vocaciones extranjerizantes.
12. El espejo de los espías, de John Le Carré. La aparición de los mundos ambiguos. Si algo le quedaba de maniqueismo a la novela negra, Le Carré acabó con él. (Al terminar de escribir esto, dudo. Lo que dije de Le Carré lo pienso fielmente, pero no es ésta la novela que más me atrae de él, es El topo, y no puedo explicar por qué.)
13 y 14. Dos novelas negras que vienen directo de la realidad y que muestran la amplitud con la que el género puede verse si uno tiene la mirada cautamente paranoica y normal de un ciudadano de fin del milenio: Recuerdo de la muerte, de Miguel Bonasso, y Luces y sombras, de Joseph Wambaugh. La primera sobre la Escuela de Mecánica de la Armada en la dictadura argentina, la segunda sobre los policías que actuaban en los cañones que hay entre San Diego y Tijuana y lo que allí suele suceder. Literatura de primera.
15 y 16. El asesino dentro de mí, de Jim Thompson, y A los caballos los matan, ¿o no? (¿Acaso no matan a los caballos?), de Horace McCoy. Dos libros que no envejecerán, de una dureza singular. El mejor hard boiled estadounidense de posguerra.
17. La sexta isla, de Daniel Chavarría, un libro para los amantes de las peripecias, el placer de leer una novela río. El reencuentro entre la novela de espionaje y la gran novela de aventuras.
18. La oportunidad del chino, de Ross Thomas. El barroco anecdótico, personajes inolvidables. Ross merecía ser latinoamericano honorario. Es lo mejor de la literatura picaresca contemporánea.
19. Anónimos a bordo, de Robert Littel. La guerra de Vietnam en versión estadounidense se explica mejor que nunca, desde ese barco donde el absurdo manda.
20 y 21. El alegre policía, de Maj Sjöwall y Per Wahlöö. Lo mejor del cotidianismo, quizá sólo equivalente a la obra maestra de Simenon dentro de la serie de Maigret: El hombre de la torre Eiffel.
22. La última, pero probablemente la novela policiaca que más me gusta: La mirada del observador, de Marc Behm. Literatura mayor. Un libro inquietante.

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