Con los muertos no se juega
Andreu Martín y Jaume Ribera
Umbriel
A buen seguro, en estos momentos, Flanagan estará llorando por las esquinas, o encerrado en el baño estirándose de los pelos, o dándose a la bebida como último recurso, ¿quien sabe?, de lo que sí estoy seguro es de que estará verde de envidia. Acostumbrado como está a ser el centro de las miradas y de sus padres, se ha quedado sin protagonismo. Ángel Esquius, ese es el nombre del culpable, de modo que fervientes seguidores de Flanagan sedientos de sangre ya podeis devorar a la víctima. Y mientras devorais las páginas de Con los muertos no se juega llegareis a la conclusión de que Ángel y Flanagan son la misma persona, bueno no, en realidad no, pero... da la sensación de que el primero es el segundo con bastantes años de más, o lo que es lo mismo, no hecharemos de menos las tramas, los personajes, los dialogos... de la serie Flanagan.
Resulta difícil resumir el argumento de Con los muertos no se juega. En sus 426 páginas se desarrollan dos tramas policiales y una policiaco-histórica. Angel Esquius no le hace ascos a nada y se permite el lujo de resolver el crimen de Marlowe (no señores, no Philip Marlowe sino Cristopher Marlowe) cometido hace varios siglos, mientras investiga la muerte "accidental" de un paciente en el hospital de Collserola y se interesa por un caso de amenazas a una famosa modelo.
Ningún desperdicio tienen los personajes secundarios, desde Biosca, el director de la agencia, hasta Octavio, uno de los detectives, que vendrían a ser una caricatura más tremendista, surrealista, exagerada y estupida del propio Torrente de Santiago Segura. Ángel Esquius como buen detective que es opta por no desmitificar su oficio (ya sabeis el mito de que los detectives son bastante mujeriegos), yo no diría que Ángel las busca pero aún así las encuentra, y en esta novela llega a fantasear hasta con tres mujeres. La primera es Beth, joven aprendiz del oficio de detective que ayudará a Esquius en algun que otro asuntillo. Luego vendrá María, compañera de gimnasio de Mónica, su hija, que hará de celestina. Y por último Flor, la clienta y... no desvelo más.
Lo que está bien claro es Con los muertos no se juega es una gran novela negra, llena de acción y reflexión, un rompecabezas fantásticamente resuelto, unos personajes que nos harán reir y llorar...

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