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La Coctelera

11 Enero 2006

Para cometer el crimen perfecto... literario según Andrés Trapiello

En 2003 Andrés Trapiello ganaba el premio Nadal con la novela Los Amigos del Crimen perfecto, en las páginas de la novela el autor nos daba las claves de una buena novela negra y casualidades de la vida, coinciden con las que en la entrega anterior nos relataba S.S. Van Dine.

Primera norma. El lector y el detective deben tener las mismas oportunidades para resolver el problema. Eso es fundamental. Como ir a cazar. No se le puede esperar al zorro con la escopeta a la salida de la madriguera. Hay que dejarle libre. Lo mismo que a los toros. Si el problema fuese matar al toro, se le podría matar en los toriles. Pero los toros son arte, y la novela policíaca es un arte también, hoy el más sobresaliente en la literatura, según mi modesta opinión.
Segunda norma. El autor no debe emplear otros trucos y astucias que los mismos que usa el culpable con el detective.
Tercera norma. En la verdadera novela policial no han de mezclarse asuntos de amor. Faldas las que se quiera, pero amor, nada. Eso haría saltar por los aires el mecanismo puramente intelectual. Cuando hay de por medio un CP, hay que estar a lo que se está. Camas a discreción, pero nada de sentimentalismos.
Cuarta norma. El culpable no puede ser nunca ni el detective ni ningún miembro de la policía. Sería un timo tan vulgar como inaceptable.
Quinta norma. Al culpable se le puede descubrir por deducciones, no por accidente ni por azar ni por la confesión espontánea del culpable: señor comisario, he sido yo, me doy preso. Lo del Raskolnikov de Crimen y Castigo, como se ha repetido hasta la saciedad en estos Amigos del Crimen Perfecto, es inaceptable. La mayor parte de las obras de los clásicos terminan con ese procedimiento chapucero, admitido por la misma razón que alguien puede sostener que una película muda es una obra maestra y que una pintura rupestre es digna de compararse con la Meninas y la Venus de Willendorf, o como diablos se llame, equiparable a Fidias.
Sexta norma. No existe ninguna novela policíaca sin cadáver. Leer trescientas páginas sin la recompensa de un bonito fiambre, sería sencillamente monstruoso, porque nos privaría del sentimiento de horror y del deseo de venganza.
Séptima norma. No debe haber más que un detective por novela. Bajo ningún concepto, nunca, el novelista podrá elegir el culpable entre los empleados domésticos, mayordomos, jardineros, lacayos, chóferes, etcétera. Ésa siempre es una solución acelerada y hay que ser serios: hay que buscar un culpable que valga la pena. Y por lo mismo que no hay más que un solo detective, conviene que haya un solo culpable, para concentrar en él todo el odio que vaya experimentando el lector. Para algunos las mafias y las asociaciones criminales no deberían tener lugar en las novelas policíacas… Yo no estoy muy de acuerdo, pero en fin.
Octava norma. Nada de pasajes descriptivos ni poéticos ni pormenorización de atmósferas. Retardan la acción y desconcentran a lector. Diálogos, muchos diálogos. Son más variados y más corots, cuesta menos escribirlos, los lectores los agradecen, la acción avanza y el editor paga lo mismo los folios de líneas cortas que los de líneas largas.
Novena norma. La solución de los casos ha de ser realista y científica. Los milagros están excluidos de las novelas policíacas. En esto está de acuerdo hasta el padre Brown. Tampoco hay que buscar al criminal entre los profesionales del crimen. Lo que impresiona no son los crímenes cometidos por los hampones, sino por las damas de la caridad o por el presidente del tribunal supremo o por una mosquita muerta o por un cura…
Décima norma. Es imperdonable que lo que durante toda una novela se ha presentado como un asesinato se convierta, cuando se acaba, en un accidente o en un suicidio. En este caso el lector estaría en su perfecto derecho para denunciar al novelista por estafa o esperarle a la salida de casa y asesinarle a su vez.
Undécima norma. El móvil del crimen ha de ser personal. Los complots internacionales y todas esas bobadas de 007 son cosa de tebeos, lo mismo que salvarle en el último minuto haciendo salir del tacón de su zapato un avión supersónico, con sauna y doce huríes del paraíso.

servido por sangrepolar 8 comentarios compártelo

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

el divan de lo efimero

el divan de lo efimero dijo

Compré la novela pero no la leí. Después de este blog, mañana mismo la empiezo.

12 Enero 2006 | 08:01 PM

Sangre Polar

Sangre Polar dijo

Te la recomiendo encarecidamente, una gran novela. Personalmente me descubrió muchos autores del género y sus personajes. Te animo a leerla y si lo deseas envíame la crítica a la siguiente dirección; sangrepolar@yahoo.es, y la publicaré.

12 Enero 2006 | 08:39 PM

el divan de lo efímero

el divan de lo efímero dijo

NO soy buen crítico, me falta bagaje cultural, pero no rehuyo la invitación. Gracias

13 Enero 2006 | 02:34 PM

Sangre Polar

Sangre Polar dijo

Me conformo con un comentario en cualquier post.

13 Enero 2006 | 03:05 PM

benjy nayib malca bautista

benjy nayib malca bautista dijo

tu pelicula es una porqueria hijo de perra

25 Mayo 2006 | 02:06 AM

stick

stick dijo

juego te vengo a decir que ES EL PIOR JUEGO que he jugado

6 Diciembre 2007 | 09:15 PM

carlos

carlos dijo

estaperon

31 Marzo 2008 | 02:49 AM

Hammett

Hammett dijo

...En una ciudad tan populosa y cosmopolita como Barcelona en cualquier lugar hay broncas, en cualquier momento se comenten asaltos o te topas con borrachos al volante. Y la noche es otro país con otro idioma, donde predomina la palabra gruesa, el gesto seco y donde campan a sus anchas los pirados que se dedican a incendiar coches y contenedores para divertirse. A esas horas el peligro y la violencia aumentan exponencialmente, sobre todo en el centro. Por algo Las Ramblas se encuentra en el ranking de las diez calles más peligrosas del mundo...
...Otra cosa era el resto de la Plaza y sus aledaños, donde se movía otro tipo de ambiente. Un batiburrillo de gente de la más baja extracción se daba cita también allí. Los bancos públicos y los suelos estaban ocupados por una variopinta hueste antisocial: gente sin patria ni techo, pedigüeños, camellos, borrachos, drogadictos, liendrosos, feos y los más guarros de Barcelona y otras ciudades europeas se congregaban cada noche entorno al sembrado de terrazas más caras de la Barcelona cosmopolita; una milicia que había renunciado al amansamiento impuesto por el sistema y había asumido el extremismo social como forma de vida...
Extractado de SIEMPRE QUISE BAILAR COMO EL NEGRO DE BONEY M.

http://minovelanegra.blogspot.com/

15 Septiembre 2008 | 11:22 PM

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Sangre Polar es un nuevo espacio dedicado a la literatura policial en todas su vertientes, ya sea; giallo, polar, hard boiled, crook history, non fiction novel...

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