Últimamente las adaptaciones de obras gráficas a la gran pantalla están a la orden del día. Sin City no es la única entre nuestras candidatas, Una historia de violencia también lo es.

Versionar una novela, ya sea gráfica o no, ya sea para cine o para teatro, requiere un estudio profundo de la obra y quien mejor que el propio autor de la misma para adaptarla. Eso debió pensar Robert Rodriguez cuando decidió co-dirigir el proyecto junto a Frank Miller, autor de la saga Sin City, a los que poco después se uniría Quentin Tarantino.

Es como una convención en el museo del cine del subconsciente de Tarantino (...) Esta no es una simple adaptación de un cómic, es como si el cómic hubiera recobrado vida y se hubiera hinchado a esteroides. (...) Es la visualización de la imaginación del cine negro versión pulp. Y sí, es brillante Chicago Sun Times

Sin City reúne, en dos horas de metraje, tres de los relatos de la magnifica serie de Miller. Al conocer el proyecto del rodaje de Sin City, muchos de los seguidores de la serie temieron que se echase por tierra la estructura, la estética, el lenguaje... del cómic. Una vez visto el film pueden estar tranquilos... O no, a cualquier conocedor de la serie, le habrá podido parecer demasiado fiel, respetando absolutamente todo, bastante lenta en algunos momentos y demasiado rápida en otros tantos. Sin City entra tan pronto tan de lleno que al espectador no le da tiempo a abrocharse el cinturón y no se introduce de lleno en la acción. El magnifico elenco de actores capitaneados por Bruce Willis bordan unos papeles no demasiado complicados ni largos.
Sin City es sinónimo de violencia, pero no de una violencia repulsiva, de una violencia fruto de la rabia, la tirria, del rencor, alimentada por la venganza y el paso del tiempo. Es sinónimo de dureza y acción, de personajes épicos, estereotipados en algunos casos, misteriosos.

Sin City ha sido hecha con un cuidado tan escrupuloso y con un amor tan evidente por las influencias del género que es una pena que la película sea un pelín aburrida.The New York Times