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La Coctelera

26 Febrero 2006

Siempre nos quedará París (IIII)

-Creí haberte dicho que debíamos esperar unos días antes de hacer la entrega de los visados.
-Lo sé, Rick, y lo siento, pero los alemanes nos han localizado; anoche estuvieron en nuestro hotel. Necesitamos salir cuanto antes de Casablanca.
-La policía está aquí y busca esos visados. Tendréis que esperar hasta que se marchen.
-Señor Rick, tendrá que aplazar su charla con esta encantadora señorita - Los tres se giraron y descubrieron ante ellos la pequeña figura del capitán Renault.- pero prefiero que me acompañe en la búsqueda de esos visados, es simplemente para evitar que se deshaga de ellos a mis espaldas.
-De acuerdo capitán Renault, permítame antes que le entregue la cuenta a esta señorita. –Rick se alzó del taburete, paseó la mano por dentro de su chaqueta, por fin encontró lo que buscaba y lo sacó mostrándoselo a las tres personas que le miraban atentamente. Una pequeña libreta y un lápiz. La abrió, arrancó una página y apuntó unos números a gran velocidad.- Entréguele el dinero a Sam.

Ilsa arrancó la cuartilla de las manos de Rick, levantó una ceja y le mostró el contenido a Víctor.

-Oh, no consentiré que se anden ustedes con mensajitos.- el capitán Renault le arrebató el papel a Ilsa y leyó- “3-79-71-5-2 / 11-43 / 11-37 / 59-23-2-43-53”. ¿Qué clase de cuenta es esta?

Luís Renault volvió a leer el mensaje, esta vez al trasluz, y al ver que el mensaje seguía sin tener sentido lo hizo una bola y lo arrojó al suelo.

-Señor Rick, pongámonos en busca de esos visados.

Una vez se había marchado el capitán Renault y tras él Rick, Ilsa se agachó, recogió el papel y se dispuso junto a Víctor a descifrarlo. Pasaron minutos hasta que descubrieron el paradero. Abandonaron el bar con los visados rumbo al aeropuerto.

*******

Por fin el capitán Renault se dio por vencido al ver que su amigo no colaboraba y que no encontraba los visados. Apenas unos minutos habían pasado desde que Ilsa y Víctor se habían marchado.

-Esta bien, Rick, esta vez ha ganado usted. Vayamos a la barra, sírvame un whisky, tendré que reponer fuerzas.- Rick asintió.

El capitán dio un pequeño salto hasta sentarse sobre el taburete. Sacó un puro del bolsillo superior de su chaqueta, lo encendió, lo sostuvo entre los labios mientras acercaba el cenicero. Hasta que no comenzó a consumirse y tuvo que arrojar la ceniza al cenizal no descubrió que en el interior de éste se hallaba la cuartilla que había arrugado anteriormente. La desdobló y volvió a leer los números y las letras trazadas sobre los números. Dio un respingo sobre el taburete, saltó al suelo como si se arrojase por la borda de un barco, entrecerró los ojos mientas miraba a Rick, torció la boca, hizo una mueca de asco.

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