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La Coctelera

23 Mayo 2006

Asesinato suicida

Asesinato suicida
Keith Ablow
Rocaeditorial

La vida es como una película, una cinta de video donde grabamos situaciones y experiencias que forman nuestra historia, un argumento, y todas aquellas personas que las llevan a cabo que no son más que actores, principales o secundarios según la importancia que tengan en nuestra historia. Keith Ablow plantea en "Asesinato Suicida" que rebobinemos esa cinta, que eliminemos a los actores y que volvamos a dirigir nuestra historia desde una edad avanzada. ¿Tiene un hombre el derecho de comenzar de nuevo su vida?

John Snow, un ingeniero aeronáutico que sufre ataques epilépticos decide someterse a una operación de neurocirugía con la intención de eliminarlos y erradicar así el principal impedimento en su prometedora carrera como inventor. La operación tendría sus efectos secundarios, entre otros la pérdida de la memoria pero Snow está decidido a someterse a la operación aunque al salir de ella no recuerde a su familia ni a sus amigos, solo su trabajo. Sin embargo la noche antes de la operación aparece muerto en un callejón cercano al hospital. Clevenger, psiquiatra forense al igual que el propio Ablow, un personaje plano que se justifica a cada acto, se encargará de la investigación que tanto la policía como el FBI están convencidos se resolverá en suicidio. Pronto descubrirá que Snow ocultaba a una amante pero cuando se plantea interrogarla ya es demasiado tarde y también se ha suicidado.

Tras la aburrida lectura de las memorias de Snow, que Ablow relata, y las constantes referencias al caso del asesino de la autopista que resolvió el impasible Clevenger en "Psicópata" el psiquiatra forense como si del mítico Poirot se tratase decide reunir a todos los sospechosos en una sala. Detrás del espejo unidireccional se encuentra Billy Bishop su hijo adoptivo quien protagoniza las escenas más interesantes de la novela, una pena que no tenga más protagonismo, y Coady, el policía que se supone está a cargo del caso. Reunidos en la mesa se encuentran sus familiares más cercanos, mujer e hijos, su socio, el marido de su amante y hasta su neurocirujano que entre miradas furtivas y densos silencios se pasan la pelota sobre quien mató al inventor y a su amante.

Ablow partiendo desde un punto tenso no logra en "Asesinato suicida" mantener la tensión y la atención del lector hasta el último instante, narrado en ocasiones en un lenguaje demasiado científico es curioso que presente personajes estereotipados y aquellos que aportan a la trama mayor atractivo apenas aparezcan, como es el caso de su hijo o su ayudante Anderson. Por momentos Ablow trata de engañar al lector con situaciones confusas algo forzadas, sin embargo el forense resuelve el rompecabezas que se le plantea de forma lógica y sin dejarse ningún cabo por atar.

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