Ya saben, si fuera un rancho. Su nombre, ni Margarita Carmen Cansino, ni Rita Hayworth, ni Gilda. En tierra de nadie.
Tarareando una canción que conocí gracias al grupo norteamericano Pink Martini, Amado mío, en mi mente aparece la imagen deslumbrante de esa belleza que nunca quiso ser actriz, ni cantante, ni bailarina y mírenla ustedes, rodeada de gente en un salón de baile, con un potente foco de luz blanca que arroja su sombra, todavía mas sensual, sobre la pared. Y yo no miraba a Gilda Hayworth, ni a su brillante traje blanco con flores estampades, ni sus contoneos, ni el baile de sus curvas o su cabello, ni su mirada hipnotizadora. Ni siquiera escuchaba aquella dulce voz que suplicaba que la amase para siempre y ese siempre comenzase aquel día. Yo me fiajaba en su sombra que me cautivaría para siempre. Supongo que como a mí a muchos, y la Hayworth se convirtió gracias a esta fantástica película en un mito erótico y toda una princesa -años antes de convertirse realmente en princesa al casarse con su tercer marido Ali Kahn, descendiente de Fátima, hija de Mahoma-.
Pero dejemos de divagar y centrémonos, ayer por la tarde me acerqué a Alicante y me hice con una edición especial (y espacial, porque flipe al ver el precio) de la clásica "Gilda" protagonizada por Rita Hayworth y dirigida por..., este uno de esos casos en que cuando uno nombra la película no dice quien la dirigió, ¿alguien lo sabe? Bueno, de hecho solo nombran a Charles Vidor en la parte trasera de la caratula y en una letra para los que leen con lupa. Esta mañana no he podido resistirme y aunque estoy bastante escarmentado de ver Making-offs antes de visionar la peli (como es el caso de Psicósis de Hitchcock) he echado un vistazo por los contenidos extras de la edición. Poco puedo decir, un trailer y un reportaje sobre la vida y obra de Gilda Hayworth, pero eso sí, en inglés. Así que como no me habían chafado nada comenzé a verla.
En el Buenos Aires de finales de los cuarenta, donde el juego es ilegal y la cancelación del matrimonio ni siquiera está contemplada por la ley (son dos datos importantes en la peli), Johnny Farrel (Glenn Ford) es un joven adicto al juego, que se busca su propia suerte y acaba en un callejón con una pistola en la sien y un fajo de billetes en la mano. Un hombre defiende a Farrel de una muerte casi segura y le recomienda que visite un casino en el centro de la ciudad. Sin saberlo, Farrel visita el casino dirigido por el hombre que le salvó y al que acaba encomendándose convirtiéndose más tarde en su hombre de mayor confianza. Pronto el dueño se ausentará en un viaje y a su regreso traerá a una mujer, la deseada Gilda, con la que se casó al día siguiente de conocerse. Mundson, que es el dueño del casino, desconoce que Farrel y Gilda ya se conocían anteriormente de modo que ordena al joven que vigile a su nueva esposa y consiga que le sea totalmente fiel. Pero nadie dijo que aquello fuese a ser fácil y menos con Gilda que odiaba tanto a Farrel "que buscaría mi perdición solo para arrastrarte conmigo" aseguraba. Quien sabe si fue por odio o por despecho pero Gilda buscó a otros hombre con los que compartir bailes y noches mientras era perseguida por Farrel. Luego arrepentida cantaba "Échame la culpa" ("Put the blame on mame") con aquel traje de satén negro que junto a sus brazos enguantados y a su simulado streaptease la confirmaron como una de las grandes estrellas del Hollywood clasico.

Pura magia.