El poeta
Michael Connelly
Ediciones B

El otro día oía hablar en televisión de los prejuicios. En general no me interesaba mucho el tema, escuchaba mientras hacía otras cosas, pero la poca atención que presté me bastó para saber el tema de que hablaban. Entonces me pregunté sobre mis prejuicios y caí en la cuenta de que la mayoría de ellos se centran en libros o escritores. No me refiero únicamente a que muchos escritores me caen mal y es una razón por la que no los leo, aunque esto es cierto y es el precio que hay que pagar por conocer a algunos de ellos. Me refiero a que al ver una novela sin ni siquiera conocer el contenido ya han surgido en mi mente algunos prejuicios (no todos malos). El gran prejuicio que tengo es contra la literatura best-seller, ya se, no toda es mala, pero sí lo es la gran mayoría. De modo que no, no me pregunteis si he leído el Código da Vinci u otras basurillas porque no, no lo he hecho. Y no vamos a entrar en un debate sobre la literatura best-seller, hay excepciones, eso es cierto, Hielo negro de Michael Connelly es una de ellas, pero como bien dicen, la excepción confirma la regla y en el caso de El poeta, obra también de Connelly que acaba de reeditar Ediciones B a precio de ganga, no podemos decir lo mismo.

Jack McEvoy es un periodista de sucesos de gran fama que trabaja para el Rocky Mountain, diario editado en Denver (Colorado) principal competidor del Times, de modo que cuando dos detectives del Departamento de Policia de Denver se presentan en su despacho intuye que las cosas no van bien. La confirmación no se hace esperar, Sean, hermano de Jack, se ha suicidado. Viniendo de Connelly no es de extrañar que el lector desconfíe y no se crea esa primera versión. En realidad no es necesario darle tanto a la cabeza, solo hace falta leer la sinopsis de la contraportada para descubrir que, en efecto, no es un suicidio sino un homicidio. Como cualquier supuesto suicidio -no merece la pena seguir llamandolo suicidio- que se precie el homicida deja una nota en nombre de la victima. Una despedida. Pero el asesino no ha tenido en cuenta un factor importante y es que Jack es un hombre de letras, coño es periodista, de modo que no hace falta más que revisar algunos libros para descubrir que la nota de despedida corresponde a un estracto de un poema de Edgar Allan Poe. Más tarde relaciona el caso de su hermano con el de varios supuestos suicidios de policias, todos ellos dejaron una nota, todas fragmentos de la obra del padre de la novela negra.

El poeta empieza realmente bien, como solo Connelly y los buenos best-sellers saben enganchar, con intriga, tensión y esa sensación de que se avecina algo bueno, muy bueno. Muchos comparan la obra de Connelly con la de Ellroy (ni punto de comparación personalmente), todos sabemos de la parquedad, precisión, sencillez... como ustedes quieran denominar la prosa de Ellroy, sin embargo Connelly se va más por las ramas, le gusta dejar todos los cabos sueltos para que el lector no se pierda y es ahí donde pierde el autor, demasiadas explicaciones nunca son buenas si quieres mantener el factor sorpresa ya que corres el peligro de desvelar demasiado y cualquier lector medianamente avispado o atento relacionará muchos de los detalles. De modo que hacia la mitad de la novela este poeta pierde fuelle, pierde misterio y ya no hay sorpresa, y es triste pues la primera mitad resulta impecable pero la segunda se transforma en una historia profundamente cinematográfica donde las sorpresas o ya han sido descubiertas por el lector o son básicamente gratuitas pues ni siquiera la lógica las descubriría.