Amor y esparadrapo
Charles Exbrayat
Sirpus
Hacer una crítica de Amor y esparadrapo sin caer en una valoración superficial de la obra resulta algo complicado, y digo superficial porqué ya a simple vista resulta “llamativa”. Sirpus edita entre la ingenuidad (quizá la del lector) y la simpleza (la de la edición) una novela clásica, cercana al whodunit al más puro estilo del sabueso Holmes solo que sin el ingenio del detective de Baker Street. Es una de las novelas que componen la serie que la editorial ha denominado Letra Grande y que va destinada a personas con problemas para leer. Queda claro que la solución que da la editorial no es la de que el lector use gafas, que sería lo lógico, sino que nos facilita el trabajo y aumenta el tamaño de la letra a tales dimensiones que resulta ridículo y, de este modo, una novela que en su edición original en francés a penas alcanza las 250 páginas pasa a superar descaradamente las 300. He aquí una crítica superficial de Amor y esparadrapo, superficial pero real al fin y al cabo.
En una conversación con mi espíritu crítico intento encauzar esta crítica a partir de una comparación;
-¿Con qué comparar Amor y esparadrapo?
-Pues… con una casa, pero una en especial. Para una novela con un título tan pintoresco como este no podemos referirnos a una casa cualquiera, y entonces recordé el cuento de los tres cerditos. Su casa.
-¡Ya empezamos a desvariar! ¿Qué tendrá que ver una novela con la casa de los tres cerditos?
-Pues ambas coinciden en que dependen de tres aspectos, la casa de los tres puercos y la novela de tres características; personajes, lenguaje y argumento.
-¿Ya está? ¿Eso es todo?
-No, y es ahí a donde voy. Pronto llegará el lobo cual crítico lector que intentará derrumbar la casa a base de soplidos. Y nos encontramos con que en villa Amor y esparadrapo no viven tres cerditos, sino dos, personajes y lenguaje, y no hay noticias de argumento. Bueno sí las hay, pero son vagas, escasas… no solo eso, son insuficientes y poco atractivas. De modo que ambos cerditos deberán defender villa Amor y esparadrapo sin la ayuda de su hermano.
-¿Echará el lobo la casa abajo?
En la Inglaterra del bombín, la posterior a la independencia irlandesa y anterior a la Segunda Guerra Mundial, nace Francis William Besset, un joven clásico, disparatado e impulsivo. Años después, una vez alcanzada la mayoría de edad, sus padres mueren en un accidente de tráfico y Francis pasa a ocupar el puesto de que se encargaba su progenitor en la empresa familiar de un amigo. En Amor y esparadrapo el conflicto surge, como en las novelas más conocidas de Paul Auster, a raíz de una llamada telefónica, la que alerta al joven inglés de que la muerte de sus padres podría no ser un simple accidente. Francis decide visitar al hombre que ha realizado la llamada atraído por la noticia de que éste posee una carta de su padre que aclarará el caso. Sin embargo Francis llega tarde y para cuando se encuentra en el piso de aquel misterioso hombre ya no hay nadie.
Partiendo de una idea inicial que podría dar más de sí y que, de hecho, iba bien encaminada Exbrayat construye una novela de misterio fronteriza con el género romántico con toques a lo Corín Tellado que depara en una crítica hacía el rechazo mutuo entre irlandeses e ingleses. La excepción será, por supuesto, una historia de amor, la que mantendrá el protagonista con una camarera irlandesa. Centrándonos en el aspecto negro-criminal Amor y esparadrapo es una novela previsible que deja varios cabos sueltos, una historia en que prima más el quién lo hizo que el porqué y este último aspecto apenas tiene explicación. Sin embargo nos hallamos frente a una novela con un gran lenguaje que recuerda a la obra de Boris Akunin y ante una serie de personajes satíricos y caricaturescos cuyos diálogos son de lo mejor de la novela. Sin alcanzar el humor con que publicitan al escritor francés fallecido hace casi dieciocho años Amor y esparadrapo tiene momentos realmente delirantes donde la violencia no es más que un efecto de sonido.
-Finalmente… creo que el lobo se lleva la casa por delante.

todos moriremos al final d cuentas