El reciente descubrimiento del blog Blasfemando en el vórtice del universo, redactado por el director de cine Alex de la Iglesia (autor de films negro-humorísitcos como su último trbajo El crímen ferpecto) centra hoy nuestra atención en la novela Los crímenes de Oxford del autor argentino Guillermo Martínez, obra que en la actualidad está siendo llevada al cine por el propio de la Iglesia.

No es de extrañar que un escritor que no lo es, me refiero, un escritor que no se dedica o por lo menos no vive de la literatura haga referencias en su obra a su verdadera labor, la fuente de sus ingresos. Guillermo Martínez, por lo menos hasta la publicación de estos Crímenes de Oxford, se dedicaba a la educación ya que es doctor en Matemáticas. Quizás haya empezado mal, quizás esto merezca una explicación, cuanto menos unas puntualizaciones. He escrito "hasta la publicación de estos..." ya que esta novela se alzó con el Premio Planeta en Argentina, que ni por asomo tiene el mismo "prestigio" que el galardón aquí en España (a ello contribuyó el también negrocriminal Ricardo Piglia). Y digo que no son de extrañar estas referencias porque Martínez no es el primer matématico escritor freelance que escribe una novela policial alrededor del mundo de los números. Alexander Alan Milne (matemático también y padre literario de Winnie the Pooh) ya hizo lo propio en su única novela policial, Los crímenes de la casa roja donde las matemáticas no adquirían ningún protagonismo hasta casi el final de la obra, posiblemente el autor ya no pudo resistirse. Quizás no haga falta irse tan lejos en el tiempo y el espacio para encontrar otro ejemplo de matemático y escritor que combina crímenes y números en su obra pero no tenía otro ejemplo más a mano, queda bien y estoy seguro de que a nadie más se le hubiera ocurrido, todo sea por dejar claro que ya de entrada la novela de Guillermo Martínez nos huele a tópico. Por lo demás -por lo que recuerdo ya que leí la novela hace un tiempo-, me gustó la forma de narrar del argentino, los personajes, los diálogos, el argumento... todo siempre y cuando no apareciese ningún elemento matemático. Recuerdo que en la novela también encontré algunos discursos filosóficos del autor sobre la vida y la muerte, el amor y bla bla bla que me resultaron interesantes, acertados, graciosos incluso pero el pretexto que llevaba a Martínez a soltarnos aquel royo no terminaba yo de creermelo. Un final cantado, decepcionante, simplón, precipitado, poco original y mal explicado ponía punto y final a una novela que me había decepcionado bastante sobre todo por el poder para atrapar al lector que había desarrollado el autor, quizás su mayor mérito, y que se había ido desinflando conforme se acercaba el final.

Resumiendo, el argumento de la historia vendría a ser algo así como un estudiante argentino que viaja a Oxford (una ciudad que hace poco descubrí es bastante propensa en esto de alojar asesinos) quizás por motivo de una beca. Se aloja en una casa acompañado de una anciana que recibe la visita de una familiar. Pronto morirá la huesped, un crímen que se desvela como un desafío a la mente del matemático más eminente del siglo. Éste es el primero de una serie de crímenes que más tarde recibirán el título de Los crímenes de Oxford. Emocionante, ¿a que sí? Releyendo la sinopsis de la contraportada no logro recordar que tipo de locura se adueñó de mi cuerpo y me hizo comprarla. Da lo mismo, fue hace mucho tiempo, tarde para reclamar a la librería. Lo hecho hecho está.

Otro que como yo fue poseído por un espíritu diabólico que le obligó a comprar la novela fue Alex de la Iglesia. La diferencia entre él y yo en lo que a la novela se refiere (no vamos hablar ahora de las diferencias físicas porque el director vasco tendría las de perder) es que yo pude deshacerme de aquel espíritu al terminar la novela y sin embargo el pobre Alex no. Quizás debiéramos llamar a un exorcista antes de que el proyecto se consolidase, el problema es que el proyecto ya lo está. Elijah Wood, entre otros, encabezará el reparto de esta producción -todavía no se sabe si española- que se está rodando en Inglaterra íntegramente y llegará a nuestras pantallas dentro de un rato, lo que tardará de la Iglesia en rodarla, montarla, visionarla, flagelarse por haberla rodado y sentirse obligado por la productora a estrenarla.